BABILONIA

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

El Hollywood actual luce su fortaleza gracias a los taquillazos de las películas protagonizadas por superhéroes. Y tras el fulgor de la pirotecnia, la putrefacción de las bambalinas. Sobre la alfombra roja emerge el glamur de las estrellas, bajo ella se ocultan las miserias, los chanchullos y la cochambre de la condición humana.

Me alegra que se denuncien los abusos de la galaxia del celuloide y, en efecto, habrá que poner fin, de una vez por todas, a tanta violencia. Pero me repugna la ola de hipocresía y la caza de brujas. Menuda sorpresa... Resulta que en Hollywood, y sin duda en otros ambientes como en la política (Clinton y la becaria o los conservadores ingleses), algunos emplean su cargo humillando al prójimo para complacer sus depredadores instintos. ¿Y nos damos cuenta ahora? George Cuckor contrataba marineros para jugar al trenecito en su mansión. Marilyn Monroe se encamó hasta con el apuntador para conseguir sus primeros papeles. Error Flynn se acostó con dos menores, pero un jurado popular le absolvió porque mostró su sonrisa más seductora durante el juicio. Lana Turner se calzaba al mafioso Johnny Stompanato, guardaespaldas del capo Mickey Cohen y, durante una pelea doméstica, el bello Johnny murió apuñalado. Su supone que la hija de Lana empuñó el cuchillo, aunque otras fuentes aseguran que fue la actriz. En cualquier caso las absolvieron y la actuación de Lana ante el tribunal, cuentan las crónicas, merecía un Óscar. Les invito a leer un par de libros: 'La ciudad de la redes', de Otto Friedrich, y 'Hollywood Babilonia', de Kenneth Anger. Les asombrará descubrir la cantidad de barbaridades al calor de los focos de los grandes estudios. Cumplir el sueño de la fama, en ocasiones, exigía un peaje siniestro. Erradiquemos los abusos, desde luego, pero no finjamos que no sabíamos nada.

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