El Aznar de Ciudadanos

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

El foro de Ideas de la Fundación FAES organizó en Valencia el pasado jueves una segunda jornada de reflexión. Como ya sucedió en el primer foro realizado el pasado otoño, los responsables del PP en la Comunidad Valenciana tenían en la sesión de control de las Cortes la excusa perfecta para no arropar a quien sin ser su presidente 'fundador', fue durante algún tiempo su presidente 'de honor'. Tampoco acudió la vicepresidenta Oltra con alguna de sus camisetas a liderar el habitual grupo de manifestantes que siempre dan la ruidosa bienvenida al señor Aznar a la puerta del correspondiente hotel.

Aunque tampoco estuvo la plana mayor de Ciudadanos, hay buenas razones para pensar que Aznar estaba dirigiéndose al potencial votante de esa formación política. En primer lugar porque apeló a un «sólido sentido nacional» que ha desaparecido de los discursos políticos tradicionales, donde no se habla de 'España' sino del 'estado español', como si la soberanía nacional sólo dependiera de las mecánicas del 'estado aparato' y no de los valores del 'estado comunidad'. Aquí el ponente se quedó corto porque sólo aludió marginalmente a los «valores de la convivencia», sin desarrollar el potente concepto moral.

En segundo lugar porque diagnosticó el independentismo catalán como «una rebelión en toda regla» que aún no ha concluido. Lo planteó dentro de una estrategia de desestabilización más amplia de la que también participan los partidos que ahora gobiernan en la Comunidad Valenciana y Baleares. Advirtió que se trata de un proceso para deslegitimar la constitución del 78, donde están emergiendo tres posiciones sociopolíticas claras: populismo antisistema, nacionalismo independentista y revisionismo histórico. Sin poner siglas o nombres, estas tres posiciones perfilan las características de un adversario electoral heterogéneo y un enemigo político real.

En tercer lugar porque reclamó una política de reformas que la actual ingobernabilidad parlamentaria de la legislatura está dificultando. Se limitó a enumerarlas como hacen retóricamente en Ciudadanos. Todos sabemos que pensiones, educación, energía y sector público necesitan una reforma. Y todos sabemos que sólo se pondrán en marcha con un horizonte político diferente, donde PP y Ciudadanos serán necesarios pero no suficientes. Aznar sabe que el potencial votante al que dirige su discurso tiene una concepción pragmática de la política, le van los líderes con aire desenfadado, juvenil y, preferiblemente, sin bigote. Debería saber también que el potencial votante al que dirige su discurso aún no conoce el horizonte cultural de sus reformas. Para que su apelación a la sociedad civil sea creíble necesitamos saber con qué modelo de sociedad se diseñan estas reformas. No nos vale el mundo que a veces se nos presenta como un casino global alimentado por el relativismo moral.

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