El åutørefëréndum

La guerra por mi cuenta

Puigdemont ha decidido trasladar al mundo de las consultas las exitosas técnicas de Ikea: «Nosotros le proporcionamos las piezas y Vd. ya se lo monta en casa»

CARLOS FLORES JUBERÍAS

Los Gobiernos de Mas y Puigdemont llevan años tratando de convencernos de que cuando Cataluña alcance su anhelada independencia, se convertirá -son palabras textuales del primero- en una suerte de 'Dinamarca del Mediterráneo'. Dejen volar su fantasía y quizás acierten a visualizarlo: una sociedad feliz, con una vida política tranquila, una economía desahogada, y unas instituciones responsables como en la imaginación de algunos -y en contados lugares más- se retrata a los países nórdicos. Así que, seguramente para preparar el camino a esa inminente escandinavización de Cataluña, el Gobierno de Puigdemont ha decidido trasladar al mundo de la política las exitosas técnicas de Ikea -nosotros le vendemos las piezas y le proporcionamos las instrucciones, y Vd. ya se lo monta en casa-, e inventarse el 'åutørefëréndum'.

La idea es tan genial que me extraña que no se nos haya ocurrido antes a quienes nos dedicamos a esto. Para empezar, el conseller Turull ya nos ha explicado que uno puede descargase la papeleta de la web correspondiente y traérsela impresa de casa, guardada en el bolsillo de la americana, o cuidadosamente escondida en la badana del sombrero, por si la Policía Nacional anduviera cerca. Vale hacérsela formato cuartilla, en tamaño folio, o si uno está muy, muy convencido de lo que quiere votar, incluso en formato metro por setenta, como las mostradas estos días por los manifestantes de la CUP. Y lo mismo cabe decir de los sobres: el Departament de Presidència anda ya preparando otro tweet para declarar válidos no solamente los de toda la vida, sino también los de papel manila, los de burbujitas -que abultan mucho más-, y los de color rosa que sobraron de las invitaciones de boda de la hija, siempre y cuando -poca broma aquí- no lleven franqueo.

Si de aquí a entonces la Guardia Civil se hace con las urnas que el Govern asegura tener ya guardadas en alguna parte, el conseller Turull habilitará a los comisarios de la ANC para que se ocupen de recoger los votos a domicilio -sugiero que cuatro golpes en la puerta, 'pam... pam... pam... pam...', sea la consigna secreta para evitar desagradables sorpresas por parte de las fuerzas del orden o de los vendedores de enciclopedias-; y si los ayuntamientos se niegan a prestar sus locales para la votación o éstos acaban precintados por orden judicial, les pasará su número de móvil para que le hagan llegar un wassap -nada de perdidas, por favor, que Hacienda vigila de cerca cada gasto- con los resultados cosechados.

La falta de un censo fiable se suplirá exigiéndole al presunto elector que recite en correcto catalán al menos una estrofa de 'La Santa Espina' -convalidable, en el caso de los cuperos, por alguna cosa de Llach-; y la de unos tribunales profesionales e independientes ante los que presentar reclamaciones si se produjeran irregularidades en el proceso, con el tradicional recurso de hacérselas llegar al maestro armero. Y todos tan contentos, ¿no?

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