Sin autocrítica

Lo de Cifuentes es de nota: ha revivido la moribunda Telemadrid y se la ha entregado a periodistas de izquierda radical

CURRI VALENZUELA

La nueva estrategia del PP pasa por culpar a todo el mundo de sus problemas. Sin autocrítica. En algunas cuestiones que plantea lleva razón, pero lo preocupante para el futuro del partido consiste en su despego de la realidad. Como si en su dirección no hubiera nadie que sugiera analizar de dónde proceden los obstáculos por los que cada vez que se hace una encuesta resulta que su formación ha bajado un par de puntos más en intención de voto.

Los populares aciertan cuando plantean que todos los políticos que han falseado su currículum deberían dimitir. Lo cual, por cierto, condena de entrada a Cifuentes a hacer lo mismo. Pero la pregunta inevitable es la de por qué el PP nunca ha sacado a relucir a quienes mintieron tan descaradamente. Por ejemplo: cuando la Universidad de Malaga tuvo contratado a Iñigo Errejón para que diera clases aunque el dirigente de Podemos jamás piso una de sus aulas, los populares no exigieron que la Universidad iniciara una investigación, ni han vuelto a denunciar ese abuso desde que desapareció de los titulares de los medios de comunicación.

También el PP lleva razón al quejarse de que esos medios, en particular las televisiones, están llevando a cabo una cacería política contra la presidenta madrileña. Sus líderes tendrían que propinarse muchos golpes de pecho antes de seguir rumiando una situación creada por ellos mismos al haber autorizado, de manera irregular, a la cadena que más les persigue. Y lo de Cifuentes es de nota: ha revivido la moribunda Telemadrid y se la ha entregado a periodistas de izquierda radical que la critican de tal manera que la propia presidenta madrileña hace meses que se niega a hacer declaraciones a la televisión autonómica de la comunidad en la que gobierna.

Por encima de todos los males que aquejan al PP está, por supuesto, la crisis de Cataluña. No sólo por el daño que está causando a España entera, sino por cómo está acentuando su crisis particular. Basta observar los gráficos que se publican junto a las encuestas de intención de voto. El punto de inflexión es el del pasado 1 de octubre. Desde ese momento, los populares no han hecho más que bajar y bajar. Los estudios confirman el descontento de parte de sus votantes por una postura que juzgan demasiado light hacia los secesionistas. Pero el Gobierno sigue en las mismas, sin disimular sus ganas de que el Parlament elija cuanto antes un presidente independentista que gobierne a su gusto.

Incluso la receta clásica de los partidos tradicionales, la de organizar mítines multitudinarios para mejorar su imagen, no le funciona ya al PP. Una semana después de su convención nacional en Sevilla continúan cuesta abajo en las encuestas, sin que aparezca en el horizonte la posibilidad de que su cúpula directiva se siente a considerar lo que están haciendo mal. Y cómo cambiar el rumbo para que las cosas les salgan mejor.

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