El atasco que viene

La ampliación de aceras en San Vicente comienza sin alternativas conocidas a las retenciones en el centro

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Los vecinos del Carmen comentaban la semana pasada la falta de coordinación entre concejales del tripartito municipal, al hilo de los cambios de tráfico que hará Grezzi en buena parte de Ciutat Vella. Hace unos días comenzaron las obras en Padilla, previas a la ampliación de aceras en la calle San Vicente y Periodista Azzati de este verano. Y la pregunta inevitable es si habrá alternativa al atasco que viene.

En la concejalía de Desarrollo Urbano prevén que en un mes empezarán a rematar la transformación de la calle San Vicente en una calle comercial. Yo diría que un par de meses por el atasco crónico que sufre el gobierno municipal, aunque lo que nadie ha dicho es la alternativa de transporte público de los que no quieran meterse en el embudo. La eliminación de un carril parece algo menor aunque pienso todo lo contrario. Así ha sucedido en la calle Colón, donde el descenso del tráfico de coches ha sido brutal al huir los conductores de las retenciones, para tomar otros itinerarios por el Ensanche.

Y la reforma de la calle San Vicente no es un proyecto nuevo, sino que se arrastra desde el anterior gobierno municipal. Su ejecución ha sido consensuada con los comerciantes y por eso empezará después de las rebajas, aunque lo que estos echan en falta es que las restricciones al coche en el centro se completen con más autobuses de la EMT. La Generalitat dijo hace poco que reanudaba las obras en la antigua línea T2 del metro, aunque hasta la plaza de Toros, sin plazos y, para mí, con menos credibilidad en el anuncio que cuando en el Ayuntamiento intentaban convencer de que en el parque de Cabecera se iba a construir una esfera armilar de 92 metros de altura.

Y no sólo el transporte público, sino también qué pasará con la hostelería. Comerciantes y vecinos empiezan a pedir que la peatonalización de calles vaya acompañada de ordenanzas que limiten las terrazas. Valencia es una ciudad turística, nadie lo duda, pero es absurdo que después de la ampliación de aceras haya menos sitio para pasar.

La calle San Vicente necesita también una reforma a fondo en el tramo que desemboca en la plaza España, donde lo único que se ha hecho es un carril bici dejado a medias por el abandono de la empresa, sin que se sepa nada de cuándo estará acabado. ¿Qué pasa con el resto? En los últimos dos años ha habido tiempo más que suficiente para presentar un proyecto, aunque voy al primer argumento, es decir, la impresión de que no ha sido posible unir a las concejalías implicadas.

Decisiones que afectan a la vida diaria de miles de personas, mientras sigue durmiendo el sueño de los justos el aparcamiento de la plaza Ciudad de Brujas. Al Mercado Central le estrechan poco a poco los cordones umbilicales (hay que recordar la plaza de la Reina y lo que seguirá) sin una solución clara para los vendedores.

Todos esos problemas se amontonan sobre la mesa del alcalde Joan Ribó, al que deben pedírsele soluciones antes que a sus concejales. Pero el primer edil empieza hoy la semana con un problema y de los grandes. La marcha o destitución del gerente de la Fundación Las Naves, Rafael Monterde, lo que prefiera el citado, afecta y mucho a un proyecto con recursos millonarios y escasos resultados, que además ha removido los cimientos de València en Comú, la parte más débil del gobierno tripartito por la falta de experiencia a la hora de lidiar con estos asuntos.

La vinculación laboral de Monterde con la corrupción de Rafael Blasco, aunque fuera accidental, ha demostrado que todo lo que se asocie con el segundo apellido es tóxico. Además, las explicaciones que ha dado no han convencido mucho, lo que unido a las convulsiones propias de un partido nuevo donde se lucha por el poder han terminado por decidir su salida de la fundación municipal.

Una fundación que se mete aún más en el barro, después de conocerse que los despidos de los trabajadores del periodo de gobierno del PP han costado 265.000 euros y las polémicas contrataciones de personal vinculado a Podemos y ex de Esquerra Unida. Y que varias asociaciones integrantes de las antiguas InnDEA y Valencia Crea fueron puestas de patitas en la calle. Hasta la empresa que gestionaba la cafetería se despachó a gusto en varios comunicados contra Monterde, el concejal Jordi Peris y Ribó por añadidura. Hay que ser torpe para generar crispación hasta con los que llevan el bar. Con dos años de mandato que quedan veo poco probable que la fundación se libere de tantos problemas y su presupuesto sirva para algo.

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