ATASCO DE IDEAS

Cap i casal

El tripartito abandera la movilidad peatonal pero no da alternativas de transporte público a los conductores

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Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Vaya semana que hemos tenido en Valencia a cuenta de la gestión del tráfico y las zonas peatonales. El encargo de las obras de la V-21 desde el Carraixet hasta Valencia fue la primera noticia de lo primero, con el proyecto original del Ministerio de Fomento que había pasado por todas las bendiciones administrativas, salvo la del cambio de criterio del Ayuntamiento.

Esto último de poco recorrido y más bien con algo de postureo, que se dice ahora. Con una alternativa que eliminaba la servidumbre de los terrenos de huerta aledaños, (no la ocupación, ojo, que eso no cambiaba a peor en la propuesta del tripartito), además del ramal que arranca el acceso norte en superficie hasta la Malvarrosa.

Una oposición que no rompe relaciones con el ministro De la Serna, según la conclusión a la que llego después del tiempo pasado desde la moción en el pleno del Consistorio liderada por València en Comú. Una cosa es luchar por el voto ecologista y otra renunciar a una infraestructura básica, por poco que le guste el tráfico privado al actual gobierno municipal. Ha habido rechazo, sí, pero bastante tibio para fortuna de los conductores que se meten cada día en el embudo del acceso a Valencia por la avenida Cataluña.

La segunda noticia de esta semana que dejará huella es la reforma de la plaza de la Reina. La práctica peatonalización de todo este espacio que sacará fuera paradas de taxis, líneas de la EMT y hasta los coches de caballos que alquilan los turistas. Lo primero es la carcajada que se me escapa al leer el comunicado del Ayuntamiento, cuando habla de recuperar espacios para la ciudadanía. Es decir, como si los que llegan en coche por la calle de la Paz estuvieran empadronados en Saturno.

Se trata de personas que carecen de alternativa real de transporte. La EMT tendrá que hacer una reflexión muy seria después del pinchazo sufrido en Fallas por el servicio dado, mientras que Ferrocarrils de la Generalitar no tiene entre sus planes construir más líneas. De momento acabar la línea 10 cuando se pueda, o sea, sin plazos.

De los aparcamientos disuasorios en la periferia de Valencia no se tiene ninguna noticia, pese a que estás incluidos en el Plan de Movilidad, un manoseado manual de 2013 al que recurre el tripartito cuando le interesa. Y tampoco aparece la conexión entre la calle San Vicente y el Mercado Central. ¿Lo dejamos todo den la apuesta por el parking de la plaza de Brujas? Arriesgado.

Del proyecto arquitectónico poco que decir, salvo aplaudirlo. Antonio Escario y José María Tomás son las cabezas visibles de un equipo de garantías, donde todos los detalles estarán cuidados con el mejor espíritu 'high tech' y una jardinería de primer nivel. Toca hacerlo pronto, pero cuidando que no interfiera en la Ofrenda a la Virgen de 2019.

El aparcamiento subterráneo se modernizará y pueden estar tranquilos los sufridos conductores que se internan en el centro por no tener una oferta adecuada de transporte público. Es el más rentable de los municipales y entiendo que al Consistorio no se le pasará por la cabeza ninguna tontería que reduzca sus ingresos.

El tercer elemento de gestión de tráfico de esta semana no ha sido noticia y ese es el problema. La ordenanza de Movilidad está en proceso de cambio y el asunto va demasiado lento para lo que está sucediendo en las calles. Hablo de los patinetes, monopatines y demás vehículos (algunos a motor) que están haciendo furor desde las pasadas navidades.

Leo y releo la ordenanza de Tráfico y no encuentro en ningún lado la regulación de este tipo de circulación. Ni por las aceras ni por el carril bici. Sólo se habla de los «lugares autorizados», es decir, señalizados. Frente a esa falta de normativa, me pregunto cuántas multas ha impuesto la Policía Local por ir con patinetes eléctricos por las aceras a toda pastilla. Me temo que pocas y nuevamente estaremos llegando tarde ante una práctica tan extendida que requiere medidas urgentes.

Ejemplos de esto hay muchos como el botellón sufrido estas Fallas, algo de lo que no se debe culpar al gobierno tripartito del Ayuntamiento. La excepción del «todo vale» en una serie de fiestas populares tiene varios lustros y desde entonces no se ha hecho nada para enmendarlo, en base a que ningún político le gusta le ley seca. Tiene otro caso llamativo en la noche de San Juan, próxima parada etílica de la ciudad. Beber hasta perder el conocimiento para saludar la llegada del verano tirados en la arena de la playa, poco que ver con la celebración del solsticio. Vamos, ni los romanos que lo inventaron.

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