LA ASFIXIA DEL PUERTO

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

A veces me dedico a fantasear acerca de la posible evolución del Valencia CF si en lugar de empeñarse en un megalomaníaco proyecto de un nuevo estadio en la avenida de Les Corts Valencianes se hubiese quedado en un Mestalla reformado y ampliado. Pero al final siempre llego a la misma conclusión, y esto... ¿para qué? Porque la realidad es la que es, te guste o no, y lo que hay que hacer es manejar y gestionar lo que tienes, no lo que podrías haber tenido. En la década de los ochenta, cuando el Puerto de Valencia engulló literalmente la antigua plaza de Nazaret para expandir sus instalaciones, surgieron voces discrepantes con la obra, entre ellas la de un arquitecto valenciano que con oficina en Zúrich triunfaba ya en media Europa: Santiago Calatrava. El de Benimàmet llamó la atención sobre los terrenos disponibles en Sagunto, la oportunidad que se estaba desaprovechando de hacer allí el gran puerto de mercancías del Mediterráneo occidental, dejando el de Valencia como puerto de recreo. Demasiado tarde, la decisión ya estaba tomada. Después vendría el Muelle Príncipe Felipe y las posteriores ampliaciones del recinto, la última de las cuales todavía está en marcha. Con el paso de los años, Valencia acabó encabezando las estadísticas de tráfico de contenedores, en competencia con Algeciras y a gran distancia de Barcelona, el antiguo líder. A estas alturas, bien entrado el siglo XXI, las ensoñaciones sobre lo que se podría haber hecho y no se hizo en la fachada marítima están de más. Nunca he acabado de entender las prisas con las expropiaciones y ejecución de la ZAL en La Punta para luego tener parados y vacíos los terrenos durante décadas. Peto tampoco hay marcha atrás, no cabe una reversión, más romántica que práctica, de una huerta que desgraciadamente ya no tiene quien la cultive. Lo que necesita el Puerto no son relatos fantásticos y figuraciones de lo que pudo ser y no fue sino apoyo de las instituciones a una infraestructura que funciona bien, da servicio a las empresas valencianas y de gran parte de España y crea empleo. Poner objeciones a la ampliación de la V-21 y a la mejora de la V-30, bloquear cualquier posibilidad de un acceso Norte y marear la perdiz con la ZAL no es el tipo de respaldo que necesita el Grao sino un imposible regreso al pasado, a los ochenta. No todo es corredor mediterráneo, hay vida más allá de esta conexión por el litoral; hay obras que el Puerto necesita con tanta o más urgencia que el trazado ferroviario por la costa. Porque mientras tanto, y a pesar del desafío soberanista, gracias al conflicto de los estibadores Barcelona ha ido recortando diferencias. En cualquier caso, los chinos (Cosco) -los nuevos dueños de los mares- lo tienen claro. La pregunta es: ¿y el Ayuntamiento? ¿Y la Generalitat? ¿Y Fomento?

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