Asco de ciudad

BORJA RODRÍGUEZ

De la ex alcaldesa de Valencia Rita Barberá se podrían decir muchas cosas pero jamás pensaría que la iba a echar de menos por la falta de limpieza, de aseo y cuidado de la ciudad, en definitiva por el buen gusto. Su sucesor, Joan Ribó, reina de forma totalmente diferente en una ciudad asfixiada, ayudado por su mano derecha, el caballero Grezzi, supremo hacedor de infinitos carriles bici. Aún restan dos años para las elecciones municipales, tiempo más que suficiente para que las locuras conviertan la calle Colón en peatonal o le cambien de sentido la dirección. La ciudad de Ribó huele mal, está sucia y descuidada. El popular Luis Santamaría ha publicado mapas de la ciudad en los que se aprecian puntos negros de degradación por plagas, botellones o atascos de tráfico. ¿Suficiente para que el tripartito pierda la alcaldía en las próximas elecciones? El gobierno no se gana, lo pierde quienes gobiernan y a día de hoy los ánimos en la calle están calientes: nos cortan las calles para ensanchar las aceras y ahogar el tráfico, sincronizan los semáforos para que sea imposible circular, cambian las direcciones, no se arreglan parques y jardines o se abandona la limpieza en muchos barrios. El puente de las flores, el que lucía en la época de Rita con flores frescas, huele a heces por arriba y por abajo. Tal vez ayude el incalculable atasco de toallitas húmedas más grande de la historia que hayan sufrido las cloacas de la ciudad, en las que las brigadas de limpieza se vacunan para sacar las toneladas de residuos tóxicos de un tapón del que aún no se sabe realmente el alcance de su longitud. El tiempo pondrá en el sitio que mereció esa Rita con mano izquierda, con carácter eso sí, pero con gusto en sus años de mandato. Sin embargo, la izquierda de Ribó oculta precariedad, insuficiente por ahora para lograr la reelección del mandato.

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