Aprobado general para el hombre blandengue

Que no sufran, pobrecitos, que son los reyes de la casa y no están preparados para las contrariedades, no sea que se nos arruguen

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Los gobiernos de cinco comunidades autónomas españolas, todos ellos en poder del PSOE, han decidido conceder ya el aprobado a los estudiantes de 4º de la ESO con asignaturas pendientes y no esperar a los exámenes de septiembre si consideran que los alumnos han alcanzado los objetivos de la etapa escolar aunque tengan dos suspensos. La medida, que ha sido recriminada por el Ministerio de Educación en carta remitida a los respectivos consejeros, es sin embargo perfectamente lógica y compatible con la imparable tendencia de papás, mamás, abuelitos y abuelitas de dar al niño o a la niña todo lo que quieran, evitarles cualquier sufrimiento, alejarlos del menor atisbo de fracaso, rodearlos de todo tipo no ya de comodidades sino de lujos, caprichos y banalidades varias con el fin de que por encima de todo y a cualquier precio la criatura, el rey de la casa, sea feliz, siempre y en todo lugar.

Consumidores compulsivos de televisión -pero no precisamente de los documentales de La 2 que tanto gustan a las aspirantes a la corte de honor de la fallera mayor-, estos progenitores están seguramente imbuidos de la filosofía belenestebiana, intelectual de referencia en la España de charanga y pandereta versión 2.0, de aquel mítico «yo por mi hija ma-to», por lo que se creen que querer y educar a los hijos es darles todo lo que pidan y procurarles una vida regalada en la que conceptos como la entrega a los demás, la renuncia de uno mismo, el esfuerzo, la perseverancia, el fracaso, el miedo, el dolor, el sufrimiento, incluso la desesperación, están proscritos, unos porque llevan al individuo al límite y otros porque lo hunden en unas profundidades de las que tiene que aprender a salir él solo, y eso no, eso sí que no, por ahí no paso, no con mi hijo.

La consecuencia de este proceder, ya lo saben, es la generalización de la figura del adolescente de 25, 30 y más años, que vive en casa de mami y papi, o en la de mami y su nuevo novio, o en la de papi y su recién estrenada pareja, y que no tiene la más mínima intención de madurar. Personas emocionalmente inestables porque su desarrollo no es el normal, porque carecen de un proyecto de vida propio, porque son incapaces de vivir sin la protección de los padres.

A ese tipo de hombres y mujeres blandengues (tomo el término prestado de El Fary, que en gloria esté) le corresponde una sociedad no menos fofa, que se asusta, se encoge y se arruga porque en verano, mira tú qué casualidad, hace calor, y que necesita recomendaciones de los poderes públicos para no salir a la calle a la hora de más sol, para recordarle que hay que beber agua para hidratarse, protegerse la cabeza y a ser posible caminar por la sombra. Luego decimos eso de que tenemos una clase política muy lamentable, lo cual es cierto, y que no nos la merecemos. Pero ¿de verdad esta sociedad adolescente, malcriada, caprichosa, adormecida y decadente no se merece a sus dirigentes?

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