DOS AÑOS DE RESCATE

FERRIOL MOYA

Dos años de Botánico han dado para mucho, es verdad. Ximo Puig y Mónica Oltra han hecho esta semana el obvio balance triunfalista de una gestión que, mirada al detalle, no debería de servir para lanzar campanas al vuelo. Me quedo con los gestos. Veo a Mónica Oltra en sus comparecencias de los viernes ante los medios de comunicación y aprecio cierto gesto de monotonía, de falta de chispa -si la vicepresidenta me permite el comentario-. Uno ve a la líder de Compromís compartiendo baile entre risas con alguno de sus compañeros de partido, y luego observa esas declaraciones de carril, en las que el PP y la herencia recibida siempre tienen la culpa de todo. Poner el espejo retrovisor es una excusa tan vieja en esto de la gestión pública que, de un Gobierno que venía para rescatar personas, no se esperaba. Ayer el Consell aprobaba la cuenta general de 2016 y señalaba también al PP -que dejó la Generalitat en junio de 2015- de la mayor parte del agujero presupuestario generado. Se señala al PP de Montoro el reprobado porque nos ahoga con la financiación, y es el mismo PP el que no invierte más en la Comunitat. Algo se podrá hacer, aunque sea política, para darle la vuelta a tanto espejo. Me fijo en Oltra, cada vez menos Mónica. Y me fijo en Puig. Ximo, para sus partidarios en el socialismo valenciano, ha dedicado casi tantas fuerzas, sino más, a lo orgánico durante estos dos años que a la gestión de la Generalitat. Me salen casi sin pensar más de una docena de episodios en los que el líder socialista ha procurado dejar su huella en cuestiones de partido -golpes de estado en el PSOE, comités federales para relevar al secretario general, defensa de abstenciones a Rajoy, dimisiones de la ejecutiva, las primarias del PSPV...- y en cambio me salen muchas menos decisiones de las de cambiar la vida de las personas. Anoto el copago farmacéutico (recurrido en los tribunales), la ley antidesahucios -cuestionada también por el Ejecutivo central-, y me tengo que referir, claro está, al decreto del plurilingüismo, suspendido de forma cautelar por el TSJ valenciano. Veo la sonrisa de Puig, cierta mueca congelada y forzada, que no me termina de encajar con una situación financiera que, en esencia, sigue siendo igual de insostenible que hace dos años. La deuda de la Comunitat no se ha recortado ni mucho ni poco, el control del déficit sigue siendo una asignatura pendiente y los fondos del FLA resultan imprescindibles para que la autonomía pague sólo con un cierto retraso a sus proveedores. Los ingredientes deberían de abrir un debate respecto a si cabría devolver al Estado alguna competencia, y en su lugar, se opta por utilizar el debate de la reforma de la financiación para seguir señalando a otra parte. El rescate no era de las personas. Era el de la Comunitat.

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