El aniversario

J. SÁNCHEZ HERRADOR

Los aniversarios sirven para luchar contra el olvido y también para combatir la tergiversación de la verdad. Ahora que se cumplen 20 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco y de la liberación de Ortega Lara hay que recordar esa reacción ciudadana contra el terrorismo que sacó lo mejor de nuestra sociedad.

Esa manifestación de dignidad y orgullo fue el más claro ejemplo de lo que pueden hacer las personas cuando están unidas y se enfrentan a la barbarie. ETA fue derrotada aquellos días mientras la gente perdía el miedo y decía a los ertzainas que se quitaran los pasamontañas de la cara. Eran los terroristas quienes tenían que sentir vergüenza, era la sociedad democrática quien tenía la fuerza de la ley y la razón de la Justicia.

Los aniversarios sirven para recordar lo que cada uno de nosotros somos y reafirmar nuestros valores, pero también para no olvidar aquello que intentó destruirnos: el odio, el totalitarismo y el terror. Por eso aquellos que intentan construir un relato dulcificado de la Historia son en realidad cómplices de los fanáticos que secuestraban, asesinaban o mataban a cámara lenta.

Cuando uno comprueba la profunda división política, ideológica y hasta generacional de la sociedad echa de menos esos momentos de comunión ética donde prevalecen las convicciones esenciales y los principios inmutables. El aniversario de la muerte de Miguel Ángel Blanco y de la liberación de Ortega Lara es también el recordatorio del triunfo de nuestra libertad frente a la muerte y de la victoria de nuestras ideas democráticas. ETA socializó el terror pero también despertó la dignidad de la sociedad y la reafirmó éticamente. Aquel dolor por la muerte sanguinaria de un muchacho indefenso salvó sin embargo nuestra convivencia. Desde ese punto de vista aquel joven concejal fue un mártir de la democracia.

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