Ser animal

Arsénico por diversión

Cuando ellos matan y devoran a otra especie lo hacen por supervivencia y suelen evitar el sufrimiento gratuito

Mª JOSÉ POU AMÉRIGO

No seas animal» es el eslogan de la última campaña del Instituto Andaluz de la Mujer y el de la Juventud para combatir el machismo en las calles. Se trata de basar la persecución de la violencia contra la mujer, incluida la práctica de los piropos callejeros, usando las imágenes tradicionales del pulpo, el buitre o el cerdo. Son metáforas que se han utilizado siempre para referirse al que manosea, al que acosa y al que dice guarradas. Sin embargo, hoy por hoy la vinculación de un mal comportamiento con un animal es bastante cuestionable. Los animales no secuestran, violan y matan a sus cachorros como acaban de hacer en la India con una niña de seis años. Tampoco atan a sus crías durante treinta años y las dejan desnutridas como ha hecho un matrimonio de California, detenido tras la denuncia de una hija. Es cierto que los animales son animales y olvidarlo puede confundirnos respecto al trato que debemos tener con ellos. Pero demasiadas veces el ser humano, que tiene razón y moral, se sitúa muy por debajo del más cruel de los animales, sobre todo porque cuando ellos matan y devoran a otra especie lo hacen por supervivencia y, sin tener principios morales, suelen evitar el sufrimiento gratuito. En cambio los seres humanos no solo hacemos daño a otras especies, e incluso disfrutamos de ello, sino que lo hacemos con nuestros propios congéneres, con nuestros propios 'cachorros' y nuestros ancianos.

La indignación de algunos con la campaña andaluza sin embargo no ha sido por el uso desafortunado de la consideración arcaica del 'animal' como insulto sino por la visión del piropo como ejercicio de violencia contra la mujer. La polémica enlaza con la corriente del 'me too' en Estados Unidos y el manifiesto firmado por Catherine Deneuve y otras mujeres francesas cuestionándola. El fundamento de ambas críticas está en el mismo punto: ¿son ejercicios de violencia una proposición o un piropo? Para saberlo no hay más que imaginar ese comportamiento de una mujer a un hombre. Y no, no lo imaginamos fácilmente porque no se da ni nos parece razonable. ¿Por qué? Porque da por hecho que forma parte de la naturaleza del hombre hacer explícito y público su calentón. Nunca en una mujer. El problema no es el que el piropo sea o no obsceno sino que se produce porque ve a la mujer como objeto del que hay que hablar por su uso. Aunque sea para evidenciar sus cualidades. Todas físicas, por supuesto, de ahí la cosificación de la mujer. No es de animales contemplar a las hembras de su especie por debajo de sus machos. Ni un macho maltrata a la hembra. Se pelean por conseguir aparearse con ella, es cierto. Pero cuando la hembra elige, el perdedor no la ataca. Acepta la derrota y se va. Por eso cuando mi perro me mira fijamente mientras en las noticias hablan de un crimen machista creo que se pregunta por qué dicen que somos superiores al resto de animales. Y a mí me cuesta mucho explicárselo.

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