LIM, ¿POR DÓNDE ANDAS?

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

La última vez que vi a Peter Lim cerca del Valencia fue en el Alfonso Pérez de Getafe. Entró cinco minutos tarde al partido acompañado de Cherie, su esposa. El máximo accionista siguió con interés la que a la postre sería la primera derrota del equipo en Liga. Desde entonces, Lim no ha vuelto. Me sorprendió que no se acercara a Mestalla a ver el encuentro ante el Real Madrid. Me extrañó que no estuviera ante el Barcelona. Obviamente pregunté por la ausencia. Me ahorro la respuesta por boba. Es rarísimo que el propietario del 82% de las acciones del Valencia no presencie en directo el que sin duda era uno de los partidos más importantes desde su llegada a la entidad de Mestalla. Era la primera vez que el Valencia tenía posibilidades reales de pasar a una final aunque enfrente estuviera Messi. La vez anterior, tras el engendro alumbrado por Neville en el Camp Nou, la vuelta fue un suplicio. ¿Por qué no viene Lim a Mestalla? Supongo que tiene negocios más prioritarios y proyectos en cartera que necesitan de todo su tiempo. Espero que entre ellos esté la obligación de empezar a pagar la deuda del Valencia a partir del cada vez más cercano mes de julio. Ese es el momento clave para calibrar cuáles son las intenciones del magnate de Singapur en una entidad al borde de su centenario. O a lo mejor no viene porque está enfrascado en muchas y variadas negociaciones para que patrocinadores premium suplan con millones el agujero que han dejado los derechos de televisión en un Valencia lastrado por su calvario deportivo en las dos últimas temporadas. O quizá, y para alegría de todos, esté Lim madurando la idea de darle a Fenwick la orden definitiva para reiniciar las obras de un nuevo Mestalla que afloró hace unos meses con una nueva figuración que lleva camino de perder color por el sol. Cada vez que uno pasa por la avenida de Les Corts Valencianes más gris es el futuro de una entidad en manos de un dueño que parece que ya se ha cansado de jugar. Ayer el Valencia festejaba en las redes sociales el año chino y yo me pregunto por qué nos hemos quedado en un chin-chin de chascarrillo. Entrar en la Liga de Campeones al final de esta temporada va más allá del prestigio deportivo. Es pura supervivencia. El dinero necesario para tapar algunos de los boquetes negros que mortifican a un Valencia anclado, por unas causas u otras, en unos números rojos preocupantes temporada tras temporada. Lim ni está ni se le espera. Y lo que es peor, a su dinero tampoco. Es cierto que Wanda se ha ido del Atlético pero no ha dejado al club colchonero en la estacada. Un estadio acabado, patrocinio principal del Metropolitano y la venta a un poderoso inversor israelí. En Valencia, por ahora a Lim se les espera como quien se desesperaba con Godot.

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