Amnesia colectiva

J. SÁNCHEZ HERRADOR

Vivimos atrapados en la supervivencia acelerada y en la solución de lo cotidiano, y así es casi imposible atender a lo que realmente debería preocuparnos. Ocurre en el ámbito privado pero también en lo público. Dedicamos horas y horas a la táctica inútil de un partido político que pelea con infantilismo mediocre por desbancar al adversario y sin embargo pasa inadvertido el debate sobre el fondo de los asuntos importantes. Un monigote disfrazado de líder abre telediarios y relega temas como el cambio climático, la revolución de la robótica, el envejecimiento imparable de la población o la arbitrariedad sutil de las redes sociales. Como estas últimas cuestiones son trascendentes, nos interpelan en el largo plazo y presuntamente resultan aburridas para la mayoría, el día a día debe ser entretenido con programas insulsos que nos divierten y que nos aportan tanta sabiduría como una carcajada estúpida tras un chiste malo.

La demagogia es a la política lo que el espacio televisivo cutre es a la reflexión y a la toma de conciencia respecto de los problemas que nos afectan. Es mejor tirar para adelante, navegar la superficialidad argumental, distraerse mal, e incluso cuando no toca, antes que analizar en profundidad el futuro. Ya, para muchos ganarse a duras penas el sustento diario es suficiente y no da para filosofías y conjeturas. Puede ser, mientras la supervivencia prevalece, los que detentan de verdad el poder no solo mandan sino que organizan la existencia de los que no tienen tiempo para razonar y de los que han dejado el pensamiento para mejor ocasión. La amnesia colectiva así fomentada es la droga que los poderosos comercializan para que nos limitemos a vivir y a callar. Si el mundo gira sobre ese olvido, recordar lo importante es la lucha definitiva contra toda clase de tiranía.

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