ALMIRANTES

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Gracias a la ceporra pedrada de la formidable estadista Ada Colau contra la osamenta del almirante Cervera, con suerte, un buen número de jóvenes y mayores practicarán suave inmersión hacia la Wikipedia para reparar lagunas y averiguar quién fue ese almirante insultado con efecto retroactivo por la política de ocasión que se disfrazaba de heroína de todo a cien hasta conseguir en el río revuelto una poltrona de jugosa mamandurria. Teniendo en cuenta nuestros lamentables planes educativos, debemos agradecerle a la valiente alcaldesa este súbito interés hacia nuestra historia. Siendo optimistas, incluso algunos, atrapados por la necesidad del entretenido aprendizaje digamos marinero, ya que recuperamos hace algunos años la extraordinaria figura de Blas de Lezo, se deslizarán hacia biografías de otros almirantes, como Churruca (científico, marino y militar que murió capitaneando el San Juan Nepomuceno en Trafalgar) o Cadarso (héroe de la batalla de Cavite). También espero, ahora que he nombrado al almirante Cadarso, que nuestro Ribó no le despoje de la calle del Ensanche, mejor no dar ideas... En cualquier caso, deseamos que, en un par de generaciones, este país aprenda a convivir con cierta normalidad en vez de enquistarse en absurdos ataques de nervios fruto de la burrera. Un buen síntoma sería que pudiesen compartir callejero Rubianes y el almirante Cervera, la Pasionaria y el general Moscardó, Santiago Carrillo y José Antonio. Con sus luces y sus sombras (perdón por el tópico) forman parte de nuestra historia. En todo este lío de almirantes y cómicos con más o menos gracia, lo único realmente facha ha sido el comportamiento de Ada Colau al quitar a uno que le chirriaba para colocar al que le gustaba. Con la manía de excluir nunca progresaremos. Cohabitar, tolerar, en fin, sería lo suyo.

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