Como un alijo

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Los emperadores de la logística internacional son los narcos. La pasma del mundo entero les pisa los talones y ellos siguen, por tierra (túneles), mar (submarinos) y aire (avionetas) exportando sus productos de paraísos artificiales. Sus ardides y su capacidad para camuflar los envíos homenajean la imaginación y desafían los canales establecidos. Detienen a los capos, pero el torrente de polvo blanco no cesa. Es una guerra perdida.

A principios de los ochenta los forajidos de la farlopa inyectaron parte de su dinero en Miami y la ciudad explotó. Pero el flujo de dinero resultaba tan apoteósico que apenas conseguían lavarlo en aquella urbe, con lo cual desviaron una parte de los millones hacia los bancos de aquel Panamá presidido por el militroncho cazurro Cara de Piña. Y se sentían seguros hasta que los marines invadieron Panamá y el gobierno de los EE UU incautó ese dineral, desplumando así los ahorros de los narcos. Hoy Noriega, alias Cara de Piña, se pudre en una cárcel yanqui (¿o ya murió? Ni idea...) He recordado estos trazos de la historia sucia que, frente a la historia oficial, recorre el espinazo del planeta con el asunto de las urnas para el posible referéndum catalán. ¿Y dónde ocultan esas urnas? Cuchicheos, sonrisillas, miradas picaruelas, cachondeo de barretina y esa filtración apuntando hacia el zulo de algún consulado que se presta al juego. Coño, casi como los narcos y sus alijos de valija diplomática... Juegan al escondite con las urnas y, de ese modo, las convierten en un objeto de contrabando que burla la ley. Mana un tufillo ridículo en el cambalache sainetero de las urnas. Los burgueses independentistas fingen vivir al límite como Pablo Escobar y el Chapo Gúzman. Mientras, Cara de Piña se frota los ojos en su angosta celda porque no entiende nada. Eso si sigue vivo, vaya.

Fotos

Vídeos