Alguien quiso frenar el regadío

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Ya no es debate para una sociedad moderna, eso de ponerse a cuestionar por qué ha de gastarse tanta agua en regar los cultivos agrícolas, los que nos dan de comer. Eso fue propio de décadas pasadas; ahora lo que se estila en las sociedades avanzadas, como Holanda, California y tantos sitios desarrollados donde la agricultura de primor goza de toda clase de apoyos oficiales y particulares, es avanzar en la sostenibilidad, desde luego, y toda la amalgama de conceptos que configuran los estereotipos actuales, pero no exactamente ponerse a cuestionar si se riega o se ha de dejar de regar. Nadie que quiera producir rechaza usar el agua, porque sabe que es la única forma de cultivar si no llueve, garantía de rentabilidad; los rechazos en esta órbita sólo vienen desde ámbitos donde florece el arte del toreo de salón.

En la sociedad valenciana, acomplejada aún, se mezclan churras con merinas; andamos promulgando 'otros modelos de producción', una entelequia que no concreta nadie de quienes la predican, y vamos dejando de producir lo que siempre hicimos bien. La tierra valenciana fue pionera en aprovechar la poca agua disponible para ser despensa de España. Pero hoy, la Comunitat Valenciana ve retroceder muchos de sus frentes agrícolas, y mientras sigue creciendo la superficie española de regadío, aquí no para de bajar y es la única región que cae. ¿Por qué? No lo explica sólo la escasez de agua; en Murcia tienen menos, similares cultivos y los mismos precios, y en cambio sube mucho su superficie regada.

¿Qué marca la diferencia? En Murcia, como en todas las demás regiones de España, hay una clara decisión política de pelear en todas las líneas por regar más para producir más. Aquí, en cambio, alguien decidió lo contrario, y eso se nota en todas las políticas. Dejamos de producir lo que sabemos y tampoco haremos lo que otros hacen mejor.

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