LA AGUJA

MANUEL ALCÁNTARA

El independentismo depende de todos nosotros porque se ha quedado sin líderes y sin proyecto, pero sigue su apartada senda. El encarcelamiento de buena parte de sus cabecillas ha hecho que los guías caminen contra corriente y encaren el futuro sin nadie que pueda aspirar razonablemente a presidir la Generalitat. Para corregir el desastre habría que haber llegado antes de que fuera irreparable. Se trata ahora de evitar lo que llaman «un vacío de poder», pero el poder nunca ha estado vacío, sino hueco. Ahora les corre prisa hallar un candidato a presidente que no acarree cargas judiciales. Si no se encuentra, o si el Parlamento catalán no lo vota, habrá nuevas elecciones y vuelta a empezar por lo inacabado, cosa que al parecer no desea nadie, ni siquiera los que lo han traído. El plan de Mariano Rajoy sólo cuenta con él, pero la noticia, tan largamente esperada, es que Puigdemont esté entre rejas. Quien busca, encuentra, y el refugiado de Bruselas ha perdido su guarida. El evadido no ha podido evadir la cárcel, pero quiere esquivar la euroorden. ¿Estamos ante un nuevo ciclo o es un nuevo episodio del antiguo? Es pronto para saberlo, pero al mismo tiempo será tarde para cuando se sepa.

El golpe institucional iniciado por Artur Mas tuvo sus continuadores, pero parece que hasta aquí hemos llegado. EL juez Pablo Llarena no tiene más que una balanza que no está trucada por los independentistas. Están escribiendo su propia historia, al margen de la nuestra, pero lo curioso no es cómo se escribe, sino cómo se borra. Lo que se busca es un aspirante a 'president' que esté libre de cargas judiciales, pero es más difícil que encontrar un pajar en una aguja, ya que encontrar una aguja en un pajar es fácil. Lo difícil es no pincharse al encontrarla.

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