AGUA DEL 'POUET'

Mª ÁNGELES ARAZO

Desde la capilla de la casa natalicia de San Vicente Ferrer, en la calle del Mar de Valencia, hoy resplandeciente como nunca, se pasa al popularísimo 'Pouet', el recinto de espléndida azulejería barroca que escenifica diversos prodigios del santo. Antiguamente, o mejor dicho, hasta la posguerra, beber el agua que se consideraba milagrosa era parte del ritual festivo; también se mantenía la costumbre de llevar a los críos que tenían dificultad para hablar.

El testimonio de su fama queda justificado en la hornacina que cobija los caños; dice así: «Para perpetua memoria de la piedad de Valencia, durante la epidemia de cólera morbo de 1845 suministró este pozo 159.976 cántaros de agua, transportándose por ferrocarril 45.900. Por gratitud colocó esta taza de mármol la piedad de los valencianos. 1858».

Recordemos que la representación de los milagros que se inició en el siglo XV, en los tablados de las calles, prendió con entusiasmo y motivó tal alborozo en un pueblo que festeja cualquier motivo con música, parlamento e indumentaria, que Fernando VI, por Real Orden de 16 de febrero de 1748, intentó prohibirlos; lo que se reiteró en 1756, 1765, 1777 y 1797, pero fue inútil; el pueblo incluía ya a San Vicente en su calendario festivo; además proliferaron los escritores devotos que descubrieron como fuente de inspiración la obra de P. Francisco Vidal Micó 'Historia de la portentosa vida y milagros del valenciano apóstol de Europa, San Vicente Ferrer (1735)', así como también en la del P. Henri Fages 'Historia de San Vicente Ferrer' y en los textos de sus sermones.

Añadamos que no sólo los milagros tienen más vigencia por las escenificaciones, cada vez son más consideradas por centros culturales y el mundo fallero decidió exaltarlos por la lengua valenciana.

En la mayoría de los pueblos existe una calle con su advocación y rara es la iglesia que no posee un altar con su imagen, que preside una alegre procesión en la que desfilan clavariesas con lujoso atuendo.

Patrón de Valencia que, además, nos brindó la segunda pascua abrileña, la que prolonga estas vacaciones, ya tan tradicionales, tan deseadas porque nos acercan al mar. Gocémoslas.

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