Agenda para un nuevo curso

PABLO ROVIRADELEGADO DEL PERIÓDICO MAGISTERIO EN LA COMUNITAT

Todavía con la sal marina en la piel, en vísperas del arranque del curso escolar, el conflicto plurilingüe continuará donde quedó. Como una buena serie de televisión, la temporada terminó con suspense y ahí la retomamos.

Entre sentencias y suspensiones, el verano llegó con el decreto suspendido, y la aclaración judicial de que suspender no es paralizar; y a la par, las primeras sentencias que ya entraban en materia y que aparte de anular el tema de los certificados de idiomas, dejaba el modelo plurilingüe tal y como lo diseñó la Administración. Así, se interpretó desde el sector «progubernamental» que los tribunales en cuanto entran a analizar el fondo dan por bueno el modelo, obviando la importancia de las certificaciones lingüísticas y, sobre todo, los distintos planteamientos jurídicos que incluyen los recursos. Por el contrario, desde los sectores «opositores» se insiste y recuerda que el decreto está suspendido, y por tanto no existe a efectos normativos y así, terminando el argumento, ¿qué pasará lingüísticamente el día 11 en los colegios? Ésta es la pregunta que todos esperan que se aclare en la intervención prevista del conseller Marzà ante Les Corts.

Con la primera fase de la polémica sobre el plurilingüismo arrancará este curso 2017-18. Ya digo, la primera fase tiene recorrido corto, pero intenso, que es la aclaración de cómo tiene que aplicarse un decreto suspendido; la segunda fase, más profunda, llegará a los meses que serán las sentencias sobre el fondo del modelo. Las conocidas hasta ahora tienen algo de contradictorio: ¿se anula la diferente titulación de idiomas y se permite la diferente formación en idiomas?

Pero más allá de este arranque, el curso tiene la pretensión de poner en el centro del debate la construcción asamblearia de la ley de Educación valenciana (LIVE). Es la baza de la Administración para resituar el debate educativo y recuperar su iniciativa y no ir a remolque reactivo frente a los reveses judiciales. Y no sólo como lectura política, sino como interesante apuesta social sobre la Educación que queremos, incluso, que necesitamos. Se acaban las «ventajas» -permítanme- educativas de la crisis por las cuales nuestros jóvenes volvían a unas aulas por un mercado laboral cerrado y es hora de que afrontemos el reto de tener un sistema educativo mejor. Esa pregunta ya la han respondido tanto el gobierno central como el autonómico, pues afrontar una reforma del modelo significa cuestionar el actual... Más allá que por corrección política lo lisonjeen y decoren.

Claro que aceptar el diagnóstico no es lo mismo que compartir el remedio y esa fricción soterrada es lo que determinará el curso educativo: entre las propuestas y dirección que prometa la LIVE valenciana y la re-reforma Lomce que el Ministerio intenta pactar en el Senado. Además de esta tensión, la ley valenciana tendrá otra lectura política: es el gran compromiso educativo del Pacto del Botánico, pero al mismo tiempo sus plazos entrarán en esas postrimerías legislativas en las que el suelo firme de los acuerdos troca en los lodazales de las distintas expectativas electorales.

Paralelamente, el curso reactivará, previsiblemente, la negociación laboral, pues los sindicatos no sólo tienen ante si su propia convocatoria electoral, sino porque cunde esa sensación docente de que ya les toca la vez. Los llamados recortes educativos fueron fundamentalmente laborales porque es lo que se lleva la mayor parte presupuestaria y por eso el profesorado también agita su lista de agravios. Ya ha empezado, de hecho, la aceleración laboral con el desmenuzamiento de las próximas oposiciones. Ahí estará la tensión, entre los intereses contradictorios de personal interino y jóvenes aspirantes.

Pero no sólo. El sector también espera la negociación de nuevas plantillas docentes que amplíe éstas y que incluso deje mayor autonomía a los centros en la asignación de los recursos (de las horas docentes) como así les van a dejar con los horarios de las asignaturas. Para este curso también se esperan los nuevos currículos de Secundaria, más problemáticos por la mayor compartimentación de asignaturas.

Lo que nadie espera, pero son las consecuencias por lo menudo de los dislates, es que se tenga que abrir un debate sobre qué hacer si los cuerpos docentes únicos se rompen por el norte, con valencianos funcionarialmente atrapados allí y viceversa.

Ya ven... comenzamos.

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