El 'affaire' Aitana

ANTONIO VERGARA

No ganamos para sustos. El 'consechal' Grezzi ha transformado los accesos a la plaza de Xúquer en una ratonera. Ahora los automóviles están obligados a salir por una sola dirección, y los vecinos que quieren llegar a su domicilio únicamente lo pueden conseguir enfilando una calle (Vinalopó), actualmente, y por los motivos expresados, una mini autopista.

El enfado en este barrio es palpable. Sólo rezuman felicidad los progres que habitan en este núcleo urbano y que votan al tripartito municipal. Los 'perroflautas' se han sumado al enésimo 'desficaci' del 'consechal' porque las perras y los perros sarnosos ya pueden defecar en las calzadas autorizadas, excluida la calle Vinalopó. Grezzi no supera en calidad técnica a los guardias urbanos de los años sesenta del siglo XX.

No, no ganamos para sustos. El otro día salió a un campo de fútbol el presidente de un club para reparar una presunta injusticia cometida por el árbitro. A la altura de su cintura asomaba un revólver muy utilizado en cualquier 'saloon' del 'Far West'. Afortunadamente, sus propios escoltas lo tranquilizaron. Hay quienes son capaces de cualquier cosa 'Por un puñado de dólares'.

No ganamos para sustos, pues. Ni en la Pascua de Resurrección. No nos dan tregua. No se respeta la mona de Pascua ni empinar el cachirulo. Da la impresión de que hay un complot planetario para amargarnos la existencia y que nos precipitemos en la amargura y la incredulidad más absolutos. Un remedio conformista para evitarlo es seguir el consejo de Oscar Wilde: «Hay que simpatizar siempre con la alegría de la vida. Cuanto menos se hable de las llagas de la vida, mejor».

La receta es demasiado obvia y elemental, y más viniendo de un escritor (y humorista) tan inteligente como este literato nacido en Dublín. Porque ¿cómo no hablar de las llagas de la vida cuando estamos rodeados de llagas -y de imbéciles- por todas partes o «en 500 millas a la redonda», por utilizar un modismo del western?

Desde que emergió el caso 'Gürtel' no ha transcurrido ni un día de la semana sin una obligatoria ración informativa al respecto. Esta llaga de la vida dura ya once años. Por tierra, mar y aire. Es un serial parecido a los radiofónicos 'Ama Rosa', 'Simplemente María' o 'La Saga de los Porretas'.

Su nivel de audiencia fue memorable. Me atrevería a asegurar que muy superior al 'Gürtel' o los 'ERE' de la Junta de Andalucía, cuyos políticos han ido a las procesiones de su Cofradías preferidas. Algunos con remordimientos; y otros en calidad de acólitos 'turiferarios', rezando para recibir una 'ayudita' judicial.

Y héteme aquí que cuando muchísimos ciudadanos de la Región Valenciana (antes Antiguo Reino de Valencia) todavía disfrutan de unas justamente ganadas vacaciones en régimen de muchedumbre y multitudes, y sin tiempo para empinar su cachirulo postmoderno, los 'mass media' -según la añeja denominación- de la 'aldea global' (Marshall McLuhan) han comenzado a publicar sobre el descubrimiento de una presunta trama de corrupción, en la que se investiga, no al PP, sino al PSPV y al Bloc. El Bloc del afable 'retoret' Enric Morera es el ingrediente capital de Compromís.

Como suele suceder en estos casos (presuntos) los medios de comunicación de masas dicen, en base a los informes judiciales y policiales que el asunto consistió en utilizar a empresas de la construcción («xé, una atra vegà amb el atobò¡») y públicas para abonar sus gastos electorales.

Los especialistas en economía de los partidos políticos aseguran que la siempre presunta trama (bautizada por mí como 'Aitana') utilizaba un modus operandi muy semejante al de 'Gürtel', maestro y padre. Como el 'affaire' acaba de presentarse ante la sociedad valenciana, está bajo secreto de sumario y la ensalada de 'noms' y 'cognoms' es muy extensa, la prudencia aconseja que la justicia se pronuncie. Pues como escribió Apiano, «La imprudencia suele preceder a la calamidad».

Pero ¿y si en casa del herrero, cuchillo de palo? Y la cita culta (copyright Francesc Pi i Margall): «Las convicciones políticas son como la virginidad. Una vez perdidas, no vuelven a recobrarse».

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