ADIÓS TWITTER

ADIÓS TWITTER
Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

El pasado domingo, un usuario de twitter cuestionó mi capacidad para opinar que la victoria del Valencia en Málaga fue inmerecida y dudó de mis conocimientos para el análisis futbolístico. Todo es debatible, opinable y rebatible. Me alivia el hecho de que en la página siguiente, Fernando Gómez Colomer pensara lo mismo que un servidor sobre el resultado del equipo de Marcelino. Los periodistas deportivos siempre desarrollamos cierta querencia hacia el equipo de casa pero yo mismo me prohibo colgarme la bufanda al cuello a costa de la objetividad. El tipo de twitter, bajo el nombre de usuario @alexvnavarro, me deseó a su manera los buenos días para poner punto y final a su reflexión matutina: «Venga, vete a cagar». Ni es lo más feo que me han dicho en las redes sociales ni lo más bonito. En cambio, sí que es la vuelta de llave definitiva para bajarme de una realidad paralela, falsa y alejada de esta profesión. A mí me pagan por escribir en este periódico y espero que lo hagan durante mucho tiempo más. Recuerdo que una vez escribí un tuit con titular de reportaje: «El twitter mató al periodismo». Al instante brotaron respuestas que casi nunca supieron leer la letra pequeña del comentario. Las redes sociales han pasado a ser el vomitorio de los complejos de muchos. Reconozco que tengo una personalidad adictiva pero desde hace varios años transito por un proceso de desintoxicación gradual de aquello que no me estimula las endorfinas. Siempre que llego a un sitio sé antes de entrar que me acabaré yendo. Soy así. Es pura necesidad. Cerré un blog el día que se convirtió en una obligación y me piré de Facebook agotado de la postiza felicidad. Twitter ha desvelado mis siestas, ha silenciado varias series de televisión, ha torcido los renglones de mis libros pendientes, ha interrumpido charlas de amigos y ha distraído algo tan importante como la atención que se merecen mis hijos en esos días libres anárquicos y discontinuos. Ha sido mi particular cocaína. Una herramienta tan útil como inútil para el trabajo. Además, ha alimentado mi gen masoquista por permitir durante años insultos y vejaciones de muchos que escoden bajo perfiles anónimos complejos neuronales. Twitter ha jodido mi tiempo libre por encima de todas las cosas, especialmente desde que el fútbol se convirtió en el pan de cada día. Una barra libre ausente de los mínimos argumentos para pedir una copa más. Mi adiós es terapéutico y definitivo. Un motín interno frente a la dictadura del clic, donde el chascarrillo pesa más que el buen periodismo y donde la cantidad es más apreciada que la calidad en muchos casos. El relato de una crónica deportiva es motivo para mil cosas. Para todas menos para que te manden a cagar. Por eso, yo ya he tirado de la cadena.

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