ADIÓS A LA INOCENCIA

D. Burguera
D. BURGUERAValencia

Perder la inocencia puede ser tan sencillo, azaroso, rutinario y vulgar como perder un autobús. Un día no estás inspirado, te retrasas, viste juguetear a un niño en triciclo y te recordó a ti en triciclo, y perdiste el paso y de repente llegaste a la parada un poco después de lo que dicta el procedimiento y allá que se va el autobús sin ti, pero con tu inocencia subida al colectivo, esa inocencia que te saluda y te dice con la manita hasta luego, Lucas. Pues algo así le pasa a Compromís esta legislatura, que un lunes eran, y un martes no eran, que amanecieron como Locke y se acostaron al estilo de Hobbes. Es, en definitiva, descubrir que has perdido la inocencia, que el hombre es un animal social (Locke) pero también es un lobo para sus congéneres (Hobbes), quizá no siempre pero a veces sí, o quizá siempre menos algunas veces. Esa duda es la que mata la inocencia. Menudo sábado pasaron Els Verds. Se reunieron en asamblea con un orden del día que recogía como tema estrella el cese fulminante de su líder, Julià Álvaro, de la Secretaría Autonómica de Medio Ambiente. Acabó la reunión con Álvaro dándose el piro y los verdes dándose consuelo. A rey muerto, rey puesto. Viva Fran Quesada. Seguiremos tus políticas pero sin ti, Julià, vinieron a decirle al cesado, que acudió a la reunión con el ánimo de que ardiese Troya, pero Els Verds han decidido que no. Desde el entorno de Álvaro se ha mentado a la madre de alguno durante estos días pasados, e incluso se ha calificado de mosquita muerta a alguien indeterminado pero que huele, camina y sonríe como la consellera Elena Cebrián. Lo sea o no lo sea. Todo eso no ha servido para soliviantar a las masas verdes, que prefieren seguir en el ajo del poder. No lo pasó mejor Mónica Oltra el viernes, cuando tuvo que hacer encaje de bolillos para no decir lo que me imagino que piensa. La consellera de Igualdad es una defensora de los funcionarios, convencida de la bondad de lo público tanto o más que de la maldad del PP. La vicepresidenta atiza a los populares con todo, estilo George Foreman. La cuestión no es si esas críticas al PP van cargadas de verdad, sino que, en el caso del destarifo registrado en un centro de menores, es entonces cuando se escucha a Oltra utilizar términos como «metodología errónea». Eufemismo a mano abierta. La instalación la gestiona ella y su equipo desde hace más de dos años. Cambiaron los baños, los armarios, renovaron el continente, pero vaya, el contenido mantuvo una «metodología errónea». O lo que es lo mismo, que esos funcionarios son una banda de ineptos. Pero no lo dice así, Oltra. La dureza se la reserva, aunque de su corazoncito obrero brote una lágrima que cae en la arena. Y se pierde. Como la inocencia. Y todo por culpa de esos funcionarios que en vez de actuar bajo los preceptos de Locke lo hacen al dictado de Hobbes.

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