ADIÓS A UN AÑO BUENO

ADIÓS A UN  AÑO BUENO

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Hace doce meses, 2017 se presentó como un año de esperanza en lo económico y de gran incertidumbre en lo político. Crecimiento mundial apreciable y español relevante, baja inflación, tipos de interés por los suelos y empleo en aumento, aunque su calidad nunca alcance en el nivel de nuestros deseos. Ahora que termina, podemos asegurar que ha cumplido las expectativas en ese terreno. El Producto Interior Bruto continúa avanzando firme y sin desmayos; los precios han subido, pero no se han escapado; la política monetaria continúa con una flexibilidad de junco; el empleo mantiene su viveza y continuamos con buenas prestaciones en la exportación.

Producimos lo mismo que al principio de la crisis con un par de millones menos de personas empleadas. Es decir, somos mucho más productivos que antes, pero no somos lo suficientemente imaginativos ni emprendedores, ni arriesgados, para crear las actividades nuevas que deberían ser capaces de absorber los empleos perdidos por el camino.

En el frente económico terminamos el año bien y todo nos permite aventurar que el ejercicio que nos espera podrá ser, al menos, casi tan bueno como el que nos abandona. El entorno mundial va a ser favorable y el europeo parece que despierta de la siesta. El famoso viento de cola (tipos, inflación, petróleo y dólar) soplará en la misma dirección, aunque el cambio de la moneda americana empieza a presentar un perfil menos halagüeño y ya resulta molesto su alejamiento progresivo de la paridad deseada por los exportadores, pero no alcanzada.

En el frente político el año se presentaba inquietante. La elección de Trump abría todo un cajón de incógnitas y el Gobierno de España seguía con menos apoyos de los convenientes. Había elecciones en Holanda, en Francia y en Alemania, con las crecientes amenazas del avance del populismo, es estos casos, de derechas. Pero las cosas no han ido tan mal como parecía. Trump no ha podido realizar muchas de sus estridentes promesas electorales. Sólo a finales de año ha conseguido aplicar su tremenda rebaja fiscal, una medida que será necesario analizar con cuidado en función de los resultados que vaya produciendo.

En Holanda, las elecciones salieron bien, sin holguras; en Francia cambiaron el panorama político por completo y en Alemania, la insuficiente victoria de Angela Merkel deja abierta la formación del nuevo gobierno germano.

En España, en cambio, la política no ha parado de darnos disgustos. A los desesperantes casos de corrupción, todos antiguos, pero todos de actualidad, se ha sumado la irresoluble cuestión catalana, que ha dañado severamente a esa comunidad y que empieza a restar décimas de crecimiento al conjunto español. Y esta es la gran incógnita para 2018. Si se prolonga la incertidumbre los daños serán severos para todos y nada nos permite suponer que la razón y la sensatez vayan a volver de la noche a la mañana a la política. Más bien parece que será al contrario. Si el nuevo Govern que se forme persiste en su desvarío será el caos y si no, en el mejor de los casos, nos enfrentamos a una época de turbulencias jurídicas y de desórdenes políticos que van a penalizar la economía, como aseguran todas las casas de análisis y todas las instituciones que se ocupan de estas cosas.

¿Serán capaces las empresas de aislarse del ruido ambiental interno y aprovechar el empuje de la demanda externa? Los últimos datos relativos a la inversión parecen indicar que los empresarios apuestan decididamente por el futuro y que van a ser capaces de seguir corriendo mientras nuestros gobernantes se enzarzan en sus disputas absurdas. Ojalá sea así. Ojalá nuestros problemas no afecten a nuestros intereses. Ojalá nuestras prioridades se ordenen con... ¿'seny'? Si es así, será mejor para todos.

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