Acosos, violaciones y planetas nuevos

MIKEL LABASTIDA

El Instituto de Astrofísica de Canarias ha informado de la existencia de un segundo sistema planetario, localizado a 11 años luz de la Tierra. El planeta descubierto puede convertirse, debido a su temperatura templada, en candidato para albergar vida. Esperemos que allí lo hagan bastante mejor de lo que lo estamos haciendo aquí. Porque hay días en que uno piensa que este mundo no funciona correctamente y que ojalá en ese otro se defiendan con mayor dignidad.

Esa palabra, dignidad, se me asoma a la mente cuando escucho algunas informaciones sobre el juicio a la llamada Manada. No voy a descender a esos submundos en el que deben de habitar aquellos que se aprovechan del anonimato para insultar a la joven agredida y para cuestionar el modo en que encaró el brutal incidente. Hasta ahí no bajo, que me da asco. Me detendré una capa más arriba -con los dedos en la nariz, eso sí- donde se dan lecciones sobre el momento indicado para denunciar una violación. Porque para algunos y algunas existen tiempos correctos. Y quien se sale de ellos deja de ser víctima para transformarse en sospechosa. Sobre este tema se ha debatido mucho a propósito de los casos de acoso destapados en Hollywood en las últimas semanas. Escucho que hay quien se extraña de que las personas agredidas hablen ahora y no lo hicieran cuando se produjo el ataque. La extrañeza, más bien, habría que dirigirla no a la persona sino a esta sociedad en la que los acosadores pueden actuar con total impunidad y los acosados no encuentran cobertura ni altavoces para exponer su denuncia. Volquemos nuestras suspicacias en el escenario, en los mecanismos, en los cómplices... Y no en la parte más débil, en los afectados.

También me genera asombro y rabia, volviendo al juicio de la Manada, que el mismo juez que se negó a admitir como pruebas de cargo los aberrantes mensajes compartidos por los acusados y sus amigos por WhatsApp, haya aceptado tener en cuenta un informe en torno a la víctima que se le encargó a un detective privado. ¿En qué consiste? En saber cómo desarrolló su vida ulterior la joven, qué tipo de comportamiento adoptó después del suceso. Si fue como alma en pena o trató de recomponerse. Hasta el momento habíamos asistido a casos de dudas anteriores (si dijo sí y se arrepintió a destiempo, si llevaba un vestuario inadecuado, si incitó con algún gesto...). Ahora, vamos un paso más allá, a las dudas posteriores. Si la víctima sube a una red social una foto que refleje normalidad, si sale con sus amigas, si vuelve a relacionarse con un hombre... Todo esto tejerá una maraña de incertidumbres y recelos. Que mundo más cruel este en el que el damnificado en lugar de recibir amparo se encuentra con nuevas agresiones. Dan ganas de huir a 11 años luz de la Tierra y tratar de empezar de nuevo.

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