ACHANTADOS POR EL CLIMA

ACHANTADOS POR EL CLIMA
AGENCIAS
Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Instalados en la feroz comodidad simbolizada por esos autómatas achaparrados que serpentean por el hogar mientras recogen el polvo, aterrados ante la pertinaz sequía que nos obligará a beber cazalla este verano, la previsión de lluvias justo cuando el fin de semana de Reyes provocó cierto alboroto entre los organizadores de las cabalgatas regadas de caramelos y balones de todo a cien.

En algunos municipios, ignoro si han cumplido sus planes, pretendían adelantar o retrasar las cabalgatas porque la perspectiva del agua celestial les abrumaba y les fastidiaba la fiesta. Si irrumpen cabalgatas alternativas, mal; si incorporamos drag queens de plataforma brilli-brilli como la estela de la célebre estrella que guía a sus majestades de Oriente, mal; y si llueve, aunque sean cuatro escupitajos mezquinos, también mal. Demasiado barullo en el alegre desfile final que, por fin, cierra el episodio navideño que tanto nos trastorna por muchas razones. Frente a la máxima de 'si algo funciona, mejor no tocarlo', se impone el anhelo un tanto papanatas y pseudomoderno por cambiar un modelo establecido que ronroneaba razonablemente bien. En cualquier caso, no parece que le hayan preguntado a los niños y estas discusiones de blablacar, bagatelas de ociosos que gustan de polemizar en las banalidades, orbitan en torno a la esfera de los padres. ¿Quién disfruta más en el circo? ¿Los padres o sus hijos? Y, sobre todo, ¿quién goza más con los videojuegos nuevos? ¿Los padres o sus criaturas? Comprobada la infantilización irremisible de bastantes progenitores, me temo que ellos adquieren papel protagonista durante unas festividades donde el crío es el verdadero epicentro. Las cabalgatas se celebran con rayos, truenos o nieve cuando la fecha señalada, cambiar el día achantado por el clima es otra soplapollez. Y van...

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