ABUELOS AL PARO

VICENTA RODRÍGUEZ

Se han quedado vacías las calles de los pueblos. Las risas y el sonido de las bicicletas han dejado paso al murmullo de la tercera edad. Los nietos han vuelto a sus casas en la ciudad y los abuelos esperan las próximas vacaciones para llenar de 'chuches' los bolsillos y de besos los mofletes de los más pequeños. Durante los días de Semana Santa los rincones familiares han sido punto de encuentro de las tres generaciones. Algunos yayos han tenido la suerte de convertirse en maestros de experiencias y contadores de historias, durante la semana pascual; en ausencia de clases escolares, han aprovechado para enseñar la vida y la naturaleza.

También tenemos jubilados en las ciudades, que no conocen el paro, se encargan de acompañar a los nietos al colegio, de ayudarles con los deberes y saben el nombre de todos los monitores de extraescolares, uno para cada día de la semana. Ahora van a perder uno de sus habituales oficios: el paseo matutino, de los infantiles, por el parque.

Nuestros jerarcas educativos, van a escolarizar gratuitamente a las criaturas de dos años en cientos de aulas públicas, algunas estaban vacías y hay que llenarlas, por aquello de la eficiencia de recursos. Otras, se han reciclado y acondicionado para acoger a los pequeños, que empiezan a engrosar los porcentajes de escolarización; no obligatoria, pero conveniente. Es cierto que el adelanto de la educación formal, mejora el rendimiento. ¡Cuántas escuelas infantiles llevan haciéndolo desde hace medio siglo! El asunto es que han cambiado las reglas del juego, antes eran las familias las que elegían dónde matricular al escolar de dos años: con los abuelos en casa, en un centro privado o en la 'escoleta' municipal. Ahora la elección viene condicionada por el dinero que supone para el presupuesto familiar. Los bonos infantiles, no cubren el total de la mensualidad de un centro privado y la familia debe completarla. En la 'escoleta' o en el centro público, es gratis. A esto hay que añadir que los alumnos han de someterse al proceso de escolarización al llegar a los tres años, pudiendo quedar fuera del colegio elegido por la familia. En los centros públicos este trance lo pasan a los 2 años, cuando la competencia de solicitantes es menor y la plaza es segura. En fin, abuelos al paro y recorte a la libertad de enseñanza.

Fotos

Vídeos