El absentismo llega a Almussafes

FERRAN BELDA

Háganme caso. La mayoría de las veces que se dice que tal o cual sucedido ha causado una gran conmoción en Valencia es una exageración. A esta sociedad nuestra no la conmocionan más sacudidas que las telúricas y siempre que lleguen en series de 20 o 30 réplicas, como las desatadas por el gratificado almacén de gas de Florentino Pérez. Todo lo que no sea una buena tanda de terremotos, de redadas por corrupción o de crímenes no pasa de ser flor de un día en la frondosa actualidad valenciana. Y, con frecuencia, ni eso. La acogida dispensada a la noticia de que la Ford está alarmada por la falta de entusiasmo de sus operarios lo corrobora. ¿Será alarmante que la primera industria de la Comunidad Valenciana condicione la aprobación del Plan de Competitividad a la reducción del absentismo? Pues no se ha movido una hoja. Indiferencia total. Unas palabrejas de UGT porque tiene arte y parte en el negocio: los pimpollos de Gonzalo Pino pueblan la factoría. Y pare usted de contar. No ha piado la CEV. AVE no se ha personado en la estación de Almussafes, como acostumbra hacer en la de La Encina. Y, lo que es peor, tampoco se ha inmutado el Consell. Un ejecutivo que debe pensar que con convertir a la Ford en la única empresa en recibir ayuda directa de la Generalidad en 2016 -Carns de Morella no cuenta. Es de casa, como quien dice. La fundó Ximo Puig- y mantenérsela en 2017 y 2018 ha cumplido más que de sobra con la multinacional. Todo ello por no especular con qué opina cada uno de sus miembros sobre el escaqueo. Aunque nos lo podemos imaginar. El consejero de Economía, por ejemplo, es profesor de instituto. Y, como no hará falta que les explique, para los docentes e incluso para las instituciones no hay más absentismo en la enseñanza que el escolar, aunque sea el de los enseñantes, muchísimo más copioso en la pública que en la privada, el que más perjuicios provoca al alumnado. La consejera de Administración Pública Gabriela Bravo es fiscal. ¿Qué importancia puede tener para ella que el absentismo provocara unas pérdidas de 5.993 millones de euros a la Seguridad Social en el último ejercicio computado, el de 2016? Poquísima a juzgar por cómo dio por bueno enseguida un convenio laboral que implanta el teletrabajo en toda la función pública, equipara a interinos con cetrinos y neutrinos y arrebata a las pejigueras mutuas el control de las bajas de los 80.000 funcionarios de la Generalidad. E ídem de ídem podría decirse de la consejera de Sanidad habida cuenta de que si le preocupara el absentismo no rescataría las concesiones hospitalarias. Pues nadie es más conocedora que ella que el número de supuestos achacosos es tres veces superior un establecimiento público que en uno privado. Donde el ojo del dueño engorda el caballo. En la tierra de los zombis, Carles Recio va a acabar siendo un chivo expiatorio.

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