Ábalos 2

CÉSAR GAVELA

En agosto hablé en esta columna de José Luis Ábalos, el entonces inesperado número 2 del PSOE. Exponía allí mi asombro por su promoción dentro del partido hasta tan altos destinos, al tiempo que valoraba su mesura y también manifestaba mi inquietud ante la deriva radical de su jefe Pedro Sánchez en el capital asunto de la situación territorial de España. En general, era un texto escéptico acerca del futuro político del valenciano, y ahora matizo mi impresión, porque a lo largo de las últimas semanas, Ábalos se ha revelado como un político de principios, inteligente y sereno.

Mientras Pedro Sánchez nos recordaba, a ratos, al peor Pedro Sánchez, al de sus extrañas cercanías con el nacionalismo radical vasco o catalán, José Luis Ábalos, palatino y hábil, ponía sosiego y normalidad. Y es probable que esa actitud suya, firme y serena a un tiempo, favoreciera el proceso que vivió Pedro Sánchez en estas últimas semanas: el de su paulatino y realista acercamiento al gobierno de la nación en un asunto que era de Estado; una gravísima afrenta anticonstitucional. En medio de este oleaje, José Luis Ábalos se fue convirtiendo en una de las personas más fiables de la dirección socialista.

El valenciano, que ciertamente no estaba solo en esa avanzadilla (recordemos a los presidentes de Aragón, Andalucía o de Castilla-la Mancha o al siempre brillante y vibrante Josep Borrell) se ganó los galones que implica su condición de ser secretario de organización del PSOE. Ábalos tranquilizó a la ciudadanía. Su papel fue casi antitético al de su correligionaria, la zapaterista Margarita Robles, siempre dispuesta a encontrarle tres pies al gato de cualquier pacto con el PP.

Influyera o no Ábalos en el nuevo discurso de Pedro Sánchez, resulta grato escuchar ahora al nuevo secretario de los socialistas decir que el nacionalismo nunca puede ser considerado de izquierdas. Algo obvio en cualquier país occidental, excepto en España. Donde aún subsiste una izquierda tóxica que sigue viendo con buenos ojos el discurso insolidario, falaz y tantas veces despreciativo de los nacionalistas. El futuro del PSOE no puede volver a pasar por los espurios pactos con quienes han demostrado tan brutal deslealtad con España. Y aunque siempre es peligroso ser optimista en estos asuntos, es posible que no regresen en mucho tiempo los irresponsables tiempos de las constantes concesiones a unos políticos periféricos que, como final de su siniestro comportamiento, han llegado a incendiar la ley, la convivencia y la libertad. Y que ahora protagonizan una vergonzosa y berlanguiana fuga en tierras belgas.

Pedro Sánchez, junto con Mariano Rajoy y Albert Rivera han prestado un gran servicio a España y a la libertad. Y uno de los efectos colaterales de estas semanas tan dramáticas ha sido revelar a José Luis Ábalos como un político serio y convincente.

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