Las Provincias

MAÑANA

Las sonrisas de los tres candidatos a secretario general del PSOE, el día mortal del debate a tres, lucían y en el proscenio los equipos de asesores ajustaban las últimas consignas conviviendo con la tensión.

La corrida sobre un albero pleno de retorica, resultó bronca y se dieron varios avisos los unos sobre los otros. Mañana se verá si los avales corresponden a los votos secretos, sumariales, íntimos.

Del debate se ha dicho mucho. Pocos que era un toro negro, de cara cerrada, que llevaba en la entrepierna las banderillas a clavar en la historia reciente de los fracasos electorales de Pedro, en las supuestas falsedades de Susana y en el tono serio y docente de un Patxi que preguntaba, examinando, a un ex secretario, acerca del concepto nación.

Un tono matriarcal en el concepto «Pedro cariño» asumido con consternación y y Patxi creciéndose con las Casas del Pueblo reconvertidas, en su imaginación, en casas de consulta y cultura.

Hay un viento nostálgico que sobrevuela lo acaecido. Aquí no se juega, por cierto, el acceso a la Moncloa desde la que se observa la función cainita; la ven desde un tul de color azul corrompido y miran, digo yo, a un banquillo donde jóvenes leones tratan de auparse con algún trozo de carne sobrante.

Mañana es el día de antes del primero del nuevo, nueva, secretaría general y en Podemos, agazapados en una moción de censura, mandada a destiempo para desestabilizar a dos bandas.

Valls de Francia ha rezado sobre la muerte del socialismo francés en plena huida y los socialistas españoles se juegan los famosos 130 años a una carta de tres en raya.

Dicen , yo comulgo con ello, que una oposición fuerte es la brida, el freno, a una mayoría soberbia cortijera que torea en el campo abierto de una España tendida al Sol ,esperando ser descabellada por una pandilla que se autoproclama «salvadora».

Aquí hace años que hemos aprendido a torear de salón. No me gustaría bajar o ver bajar a esos toreadores a enfrentarse con quienes se han hecho fuertes a la sombra de una Constitución que les permite odiarnos y mamar de ella al tiempo. Basta de genuflexiones. Ya está bien, nenes.

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