Las Provincias

Inflación buena o mala, según días

Estábamos con que la inflación era buena, hasta deseable; un poco de inflación, sin exagerar, porque lo contrario que tuvimos durante un tiempo, la deflación, esa sí que es mala, que genera más paro y la de cosas que se retraen, no hay crecimiento, cae el PIB y todo y así no se va a ninguna parte.

De modo que, cuando primaba lo contrario, aprendimos rápido lo que explicaban los expertos, que para eso lo son: que estábamos en algo que no nos convenía nada, no debíamos celebrar que bajaran los precios -repetían las consignas que llegaban; mejor que subieran algo, porque si no se caía en una peligrosa espiral de la que no se sabe cómo salir, y la cuestión era salir, para crecer; la consigna es que se ha de crecer. Si se crece es que el asunto no está quieto; si se para, se cae, como cuando vas en bicicleta, que has de poner rápido el pie en el suelo. Lo importante es el movimiento, casi continuo. Tampoco muy veloz, porque 'recalienta' la economía, sino sostenido, y ahí llegamos a la virtualidad acostumbrada de lo sostenible. Un movimiento sostenible queda bien.

Al principio no lo pillábamos del todo, porque recordábamos otros tiempos, cuando la inflación galopaba a lo bruto; aquellos años del el 10%, el 7%, el 5%, y más atrás, cuando superaba el 25%, que ya es decir, y se tuvo que llegar a aquellos históricos Pactos de la Moncloa.

La inflación no nos aterroriza tanto como a los alemanes, que se vacunan de pequeñitos contra ella, de tan escamados que quedaron varias generaciones atrás, pero la verdad es que las malas experiencias que se recuerdan por aquí nos inocularon gran aversión hacia ella. La inflación no es buena para la gente de a pie, concluimos. Lo inmediato es que se te queda corto el jornal, y luego a ver cómo se reclaman equilibrios, y el mal rollo de tener que ir con las quejas y peticiones.

Por esa inercia de rechazo a la inflación, cuando anunciaron que la deflación anidaba entre nosotros, hasta nos alegrábamos algo, sin hacerlo notar. Pero duró poco, los expertos antiinflacionistas devinieron en antideflacionistas. Que caigan los precios tampoco es bueno -dijeron-, se trunca el crecimiento, menos riqueza, no por barato se compra más, cae el consumo, el dinero no rueda, hay más paro... Caray, qué difícil es mantenerse a flote. Tanto a babor, un poco a estribor, algo a babor... Y así todo el rato para mantener el rumbo, pero cuando supones que se va en la dirección correcta, vuelven a sonar las estridentes sirenas de alerta. Zafarrancho de combate.

Dejamos atrás la deflación, que era mala, y reinauguramos tiempos de inflación moderada, que debían ser buenos por lo que nos decían. Sin embargo volvemos a las andadas; nos avisan de que hay peligro de zozobra, estamos en el 2,6%, que para algunos ya es amenazador; otros dicen que irá a menos. Ahora se hila tan fino que en cuestión de décimas puedes tener una inflación buena o mala, según días. Por lo común nos van pillar con el pie cambiado.

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