Las Provincias

UELI STECK

Ueli Steck falleció en el Nuptse el 30 de abril. Ueli Steck era uno de 'Los catorce de Iñaki' (Saga Editorial, 2011), el libro escrito por Jorge Nagore que relata la operación de rescate del montañero Iñaki Ochoa de Olza en el Annapurna en mayo de 2008. Ueli Steck fue la última persona que vio con vida a Ochoa de Olza. El suizo llegó con la Dexametasona a la tienda del montañero español a más de 7.400 metros de altura, donde la vida es un milagro. Ochoa de Olza llevaba más de 70 horas en aquel punto, agarrado a un imposible, a la Dexa, a la esperanza y a los cuidados de su amigo Horia Colibasanu, un rumano que ató su supervivencia a la del español. A veces es muy difícil entender cómo uno apuesta a la muerte casi sin oportunidad. El rumano sólo se separó de Iñaki cuando tuvo la seguridad de que había un relevo para la vida de su amigo. Steck, tras doce horas de esfuerzo, se encontró con Colibasanu a 7.300 metros.

El balcánico, con los primeros síntomas del mal de altura, salió a recibir al suizo. Steck, al ver a Colibasanu, insistió en acompañarle en el descenso. El rumano se negó: «Escucha, Ueli. No he estado tres días arriba para dejar a Iñaki solo. Si tú no subes, yo no me moveré un metro de aquí. Tenemos un pacto». Colibasanu flirteó con la muerte en el descenso del Annapurna. Steck enfiló la arista para llegar a la tienda de Ochoa de Olza con la Dexa, la única carta de vida para el español. El rumano llegó al campo base y el suizo hizo todo lo posible por mantener con vida al vasco. Los catorce de Iñaki no pudieron salvar al montañero español pero escribieron una de las páginas más grandes del deporte universal. «Este libro narra la historia de cinco días de mayo en los que se peleó contra la lógica, el sentido común y el destino», señala la contraportada del relato de Jorge Nagore.

Ueli Steck arriesgó su vida, igual que hicieron Colibasanu, Bowie, Radulescu, Urubko, Anthamatten, Bolotov, Bogomolov, Gavan, Szymczack y los sherpas Mingma, Ongchhu, Pemba y Pinjho para traer a Ochoa de Olza de la muerte. No pidieron nada a cambio. Ofrecieron su vida para lograr un imposible. A 7.400 metros de altura, en el Annapurna, en el Himalaya más puro. Nueve años después, el suizo Ueli Steck, la última persona que vio a Ochoa de Olza con vida, se despeñó por las paredes heladas del Naptsu para reunirse con su amigo allá donde vaya el espíritu de los montañeros. A la 'máquina suiza' se le paró el reloj donde quizá sólo se obtengan las respuestas a la pregunta de qué ofrece colgarse a miles de metros de una montaña para tocar la cima y bajar. La historia de Ochoa e Olza, la de Steck, es un relato de vida, amor y solidaridad.

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