Las Provincias

¿Por qué no fue posible un Gobierno del cambio?

El exministro socialista Jordi Sevilla ha publicado el libro 'Vetos, pinzas y vetos. ¿Por qué no fue posible un Gobierno del cambio?' (Ediciones Deusto), donde el exministro relata en primera persona su experiencia como negociador del PSOE en 2016 para formar un Gobierno progresista en España.

De su lectura se pueden extraer tres conclusiones: (1) Pablo Iglesias nunca tuvo ninguna intención de alcanzar un acuerdo con el PSOE cegado por las posibilidad de superarlo en una nueva convocatoria electoral y pese a que ello supusiera la continuidad de Rajoy, (2) Ciudadanos y Podemos se vetaron en un momento (marzo) u otro (junio) pese a compartir un programa regenerador en muchos aspectos, (y 3) en el PSOE hubo resistencias que más tenían que ver con aspectos orgánicos que políticos.

El exministro relata en su libro que tras la negativa de Mariano Rajoy a principios de 2016 de someterse a la investidura, la estrategia del PSOE consistió básicamente en acercarse a Podemos a través de IU y Compromís. Entendiendo, también, que la aritmética parlamentaria obligaba a incorporar a otros actores fuera de la familia de las izquierdas (ya fuera a Ciudadanos o a los nacionalistas vascos y catalanes) para ser mayoría.

Las primeras reuniones del equipo negociador de los socialistas fueron con las dos formaciones hermanas de Podemos, con los que avanzaron acuerdos programáticos que la prensa llegó a reflejar. A partir de ahí, el autor identifica hasta «seis portazos» de Podemos.

Todos recordamos cómo tras visitar al Rey en su segunda ronda de conversaciones con los líderes políticos, y mientras Pedro Sanchez estaba reunido con el Monarca, Iglesias afirmó que Sanchez debería aprovechar la «sonrisa del destino» de ser presidente junto a él de vicepresidente.

Lo que pasó en las sucesivas semanas es conocido también por todos. El acuerdo de PSOE y Ciudadanos no contó con el apoyo de Podemos y se repitieron las elecciones.

¿Por qué a partir del mes de junio no se aprendió de los vetos y errores del pasado para dar forma a la voluntad de cambio expresada de nuevo en las urnas? Más de 200 diputados representaban opciones distintas pero compartían la voluntad de cambiar la orientación de la política en España.

Una interpretación de los hechos nos podría llevar a concluir que (1) Ciudadanos vetó la posibilidad de repetir la misma fórmula de los meses anteriores, (2) Podemos prefirió apuntalar al PP no facilitando un escenario alternativo (en esta ocasión con el objetivo de llevar al PSOE a la contradicción histórica que finalmente acabó asumiendo tras el Comité Federal del 1 de octubre) y (3) en el PSOE a partir de ese momento primó más el debate orgánico que el político.

Solo desde esa lógica, la orgánica, es posible entender el posicionamiento de algunos dirigentes socialistas de facilitar el Gobierno a Rajoy sin querer si quiera evidenciar claramente que si finalmente el PSOE se tenía que abstener en esta nueva legislatura (o ir a terceras elecciones) era porque Ciudadanos y Podemos no querían entenderse. En consecuencia, que ambas formaciones preferían que gobernara Rajoy (Podemos también al no optar si quiera por el mal menor). Y que eso podía llevar a decidir una abstención (en un contexto de negociación, contrastando con la gratuidad de los votos con los que contó finalmente Rajoy en su investidura) o de ir a unas terceras elecciones (confiando en (1) que el PSOE mejorara en detrimento de Podemos por su freno al cambio, (2) PP y Ciudadanos quedaran cerca de la mayoría absoluta, y (3) se pudiera evitar la contradicción de la abstención al no ser necesaria su implicación). Dos escenarios que Sanchez contempló.

Los argumentos políticos que se hicieron circular entonces («Rajoy ha quedado primero», «hemos tenido el peor resultado de la historia», «tenemos que asumir la responsabilidad de desbloquear la situación») no hubieran permitido (1) que el PSOE gobernara en Valencia, Aragón o Castilla-La Mancha, (2) hubieran permitido que Esperanza Aguirre se hubiera convertido en alcaldesa de Madrid, y (3) han quedado desmentidos por la mayoría parlamentaria que Rajoy está articulando para aprobar los presupuestos.

También desde la lógica política y de la propia historia del PSOE, los intentos de tratar a Sánchez como un joven dirigente sectario, sin sentido de Estado y con una visión de España que hace el juego a los independentistas («¡No como antes!»), quedan desmentidos o contrastan con la trayectoria del partido: (1) Felipe González nunca se planteó abstenerse pese a la falta de mayoría de Leopoldo Calvo Sotelo tras el 23F (y eso si que era una crisis institucional), (2) Almunia se presentó a las elecciones del 2000 tratando al PP caricaturizado con unos doberman y (3) Zapatero fue presidente gracias a los votos de ERC y afirmando que España era una nación de naciones.

Los hechos vividos en 2016 en la política española quedan reflejados, con análisis que en algunos aspectos contrastan con los que se afirman en este artículo, en 'Vetos, pinzas y vetos. ¿Por qué no fue posible un Gobierno del cambio?' (Ediciones Deusto).

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