Las Provincias

DESPISTE ABSOLUTO

Ya han pasado varios días y nada. Nada de nada. Cero patatero. Fracaso total. Despiste absoluto. Los poderosos mecanismos de las superpotencias, con sus servicios secretos, sus trapisondas de cloacas, sus satélites espía capaces de observar nuestros pelos de la nariz, sus infiltrados bipolares, sus analistas de postín y sus sabuesos de mordisco feroz no han sido capaces de localizar a los piratas informáticos que noquearon los ordenadores de medio mundo.

De repente, se ha corrido un tupido velo. Una derrota tan rotunda no conviene ventilarla, pero la lectura resulta evidente: nos han vapuleado y ni siquiera encontramos al adversario. Con cierto disimulo le encaloman el desacato a Corea del Norte, que es como ese gamberrete de la clase al cual la seño siempre le acusaba de todas las fechorías, reales o no. No hace mucho vi un documental sobre filibusteros de la cosa informática. Los tipos se citaban en San Francisco usando la red más o menos en secreto para debatir sobre sus pendejadas. Uno de ellos dijo: «Vale, pero tengo que pedirle permiso a mi madre». Los demás se descojonaron de él. Luego resultó que el menda tenía... ¡14 años! Con razón necesitaba el permiso materno para viajar. Porque lo interesante tras este ataque que ya no se comenta es que, probablemente, los bucaneros del chip y el ratón y el virus que se cuela para roer la normalidad son veinteañeros, gastan gafapasta pedantuela y a lo mejor hasta lucen un acné recalcitrante que les quiebra la moral y les mantiene pelín traumatizados porque la vecinita rubia no les presta ninguna atención. No me extrañaría que estos forajidos de ordenata fuesen jovenzuelos persiguiendo retos personales. «¿Y usted por qué asesinaba a la gente?», preguntó la poli a un asesino en serie. «Porque podía hacerlo», contestó el psicópata. Pues eso.

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