Las Provincias

Las bases

Hemos pasado de unas estructuras piramidales y cerradas en los partidos políticos a una apelación continua a las bases que encierra una sutil demagogia y a veces la incompetencia o la arbitrariedad del líder. El intento de manipulación de las bases es igual si se escoge un procedimiento representativo o uno más asambleario. Las bases de militantes no son esa utopía democrática, un grupo de individuos completamente independientes que eligen a sus dirigentes con absoluta libertad.

Cuando Pablo Iglesias pregunta a las bases continuamente pretende ocultar sus polémicas decisiones bajo el paraguas de un partido previamente domesticado mediante la purga y el reparto de cargos y prebendas. Pedro Sánchez es el nuevo paladín de las bases socialistas, pero lo que se esconde en el fondo es una lucha fratricida entre aparatos e intereses de poder.

Los militantes de los partidos son una especie escasa que retroalimenta su endogamia y que se organiza en las mismas familias, grupos y camarillas que existen en los órganos de decisión. Lo negativo no es que voten las bases, lo cual puede estar muy bien en determinadas ocasiones importantes, sino que, mediante la apelación a una democracia directa con mayor legitimidad moral, los dirigentes más demagógicos y oportunistas consiguen el ascenso a la cúspide de las organizaciones con el único argumento antisistema de su lucha frente al aparato del partido que dicen combatir. Evidentemente, una vez consigan el poder, esos mismos arribistas crearán su propio aparato y no tengan ninguna duda de que será igual de sectario o peor que el anterior.

Lo malo no es que las bases de los partidos elijan sino la burda manipulación de los que se aprovechan de los ambientes enrarecidos y la tensión política para lograr sus objetivos personales.

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