Las Provincias

Francia: sondeos y desconcierto

Habrá en Francia un batacazo en los sondeos presidenciales? Las pifias recientes en el mundo occidental han sido la regla: se pronosticó erróneamente en las elecciones británicas (los conservadores lo tenían crudo, sin embargo ganaron), en el 'Brexit' (la salida de Europa no ganaría, pero ganó) y, sobre todo, en el planeta de EE UU (la preparada y bien relacionada Hillary sería clara triunfadora y el estrafalario, y para los europeos infumable, Trump se rompería la crisma. No ha sido así, y aunque aquí lo enterramos todos los días, Trump se llevó el gato al agua y le queda cuerda para rato).

En el país vecino que vota mañana en primera vuelta, hay una coincidencia en los sondeos publicados antes del atentado de París. Cuatro candidatos estarían empatados, Marine Le Pen, del Frente Nacional, el centrista, antiguo socialista, Macron, el republicano (derecha) Fillon y el comunista Mélenchon. El socialista Hamon estaría muy rezagado mostrando que el declive de ese partido no es privativo de España donde Sánchez se ha dado un par de bofetadas ruidosas, ni de Gran Bretaña donde los laboristas hincaron la rodilla en las últimas elecciones y parece que con Corbyn serán casi arrasados en junio (cuando los socialistas europeos se corren demasiado a la izquierda los votantes les pasan factura).

Los ajustados pronósticos franceses, a los que, vistos los precedentes, uno no sabe si hacer caso, apuntan a que el resultado está en el alero porque seis días antes de las elecciones el 28% de los votantes no sabían si acudirían a las urnas y de los que creían que participarán otro 28% declaraba que está dudando entre dos candidatos. El panorama está tan revuelto que las vacilaciones de uno y otro candidato se dan no sólo entre los de ideologías con una cierta proximidad, Hamon y Mélenchon, Fillon y Le Pen, sino entre dos que están en el extremo opuesto del abanico, Le Pen y Mélenchon.

Los cuatro favoritos parecen moverse entre el 19% y el 22% de intención de voto. En consecuencia, cualquier hecho exterior, un gran atentado sonoro, una entrevista brillante, o cualquier anuncio espectacular podría hacer subir una candidatura u otra. Si creemos en los sondeos los dos levemente destacados serían a mitad de la semana Le Pen y Macron. Hace cuatro meses los adelantados eran Le Pen y Fillon. La primera con su programa de Francia para los franceses, con sus eslóganes de «detengamos la emigración musulmana que nos desnaturaliza, estamos perdiendo nuestra identidad»..., consigue votos con frecuencia en barriadas obreras. El interesante libro de Michel Houllebecq 'Sumisión', que evoca la posibilidad de que la división de los partidos tradicionales y la subida del islamismo pueda provocar el ascenso de un islamista a la Presidencia gala habrá llevado votos a la candidata del Frente Nacional. Imprevisiblemente Fillon, candidato tradicional de la derecha, tropezó por el escándalo de los sueldos pagados a su mujer por el erario público por trabajos que no se sabe si realizó.

Esto aupó la candidatura del joven Macron(39 años, un modelo para nuestro Rivera). Se repite lo ocurrido hace seis años. Los líos de faldas, con acusación de violación, del rijoso líder socialista Strauss Khan dejaron el campo libre para Hollande, que acabaría siendo presidente de Francia. Ahora, el daño a la imagen de Fillon puede haber abierto el camino al Elíseo del joven centrista e independiente Macron. Hay que aclarar que en una segunda vuelta contra Le Pen, donde quedarán dos candidatos, los votantes de los perdedores cerrarán considerablemente filas en torno a la persona que pueda batir al Frente Nacional. Ya ocurrió en el pasado: la izquierda francesa no amaba a Sarkozy pero la perspectiva de ver a la señora Le Pen presidenta de Francia le aterraba. Sarkozy sería elegido con muchos votos de izquierdas.

La campaña ha estado más centrada en las personalidades que en los programas. Ha habido críticas para todos y especialmente para los dos que coquetean con salirse de la Unión Europea, Le Pen y Mélenchon. 25 premios Nobel de Economía han firmado que el programa económico de Le Pen sería funesto. Del comunista Mélenchon se indica que predica un «marxismo para bebés», un programa peligroso e irrealista. Incluso propugna modificar las fronteras del este de Europa; no se sabe (¿) si quiere satisfacer reivindicaciones solapadas de Putin. Lo de irrealista, trasladado a nuestros pagos, me suena.

Menos críticas suscita el favorito, si examinamos las dos vueltas del resultado final, Macron, que según sus conocedores no sólo desea que lo elijan sino que le quieran. El centrista, antiguo ministro de Economía con los socialistas y antiguo banquero, que, según sus enemigos, traicionó alevosamente a Hollande, atrae a gente optimista ante el futuro en un país frecuentemente sumido en el pesimismo y en la rabia. Entre sus propuestas están no cobrar el paro si se rehúsan dos empleos «decentes», eliminar la aportación de los trabajadores a la Seguridad Social y cuestionar la intangibilidad de la semana laboral de 35 horas. Fillon la aumentaría, Mélenchon la reduciría a 32, Macron lo deja en el aire. Es un tema de negociación en las empresas.

Estas elecciones galas cuentan con varias primicias: no se presenta el presidente saliente, no participan, por haber sido eliminadas en primarias, figuras destacadas y con experiencia, Valls, Juppé. Hay una supuesta corrupción de dos favoritos iniciales, Le Pen y Fillon. Otra es que casi todos los candidatos encuentran elogiables abundantes aspectos de la herencia de De Gaulle. El mundo gira.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate