Las Provincias

La España del AVE

Por un momento temí que Rajoy estuviera haciendo campaña a Susana Díaz. No era tal. Al menos, formalmente. La celebración de los 25 años del AVE en España pasaba por el coprotagonismo de la presidenta de la Junta de Andalucía a cuya capital se dirigió el primer tren de alta velocidad en nuestro país. Eran los tiempos del crecimiento económico, pero también de la otra corrupción, la etapa de las corruptelas socialistas, los pelotazos, los yuppies y la confianza ciega en el ladrillo. Eran los cimientos de lo que ha venido después. Aunque ayer no se trataba de recordar todo lo que envolvió ese despegue de la España de los ochenta que se creyó en la Champions del mundo. ¿O eso fue luego? Se nos mezclan los recuerdos porque algunos comportamientos fueron similares. España era Europa, tenía Mundiales y acogía los Juegos Olímpicos. Luego, cuando pasó todo eso, a mediados de los 90, se esfumó el sueño y nos dimos de bruces con las cloacas del poder, los doctorados honoris causa sin causa y los pesebreros que se habían alimentado del erario público. Nada nuevo bajo el sol. Por eso resultaba tan curioso ver ayer a Rajoy compartiendo celebración con Felipe González y acompañados de la aspirante a lideresa. Era el momento de construir una imagen edulcorada de lo que fue aquello: vertebración, unidad e ilusión. El discurso público hacía como que nos hablaba del ayer cuando en el fondo se refería al presente con el miedo a un futuro no deseado. El mensaje era para la España de hoy aunque con la evaluación mitificada de la España de entonces.

Decía Rajoy que el AVE era «ejemplo de política de infraestructuras». Efectivamente, el AVE fue una apuesta, acertada o desafortunada, por un modelo de infraestructuras. Pero, visto en la distancia, cabe plantearse lo que esa opción tiene de centralista, de urbanita y de capitalina. No hay duda de que la alta velocidad nos viene muy bien pero, justo en estos días en que muchos españoles visitan las zonas de interior, el mundo rural y los pequeños pueblos, no podemos evitar pensar en la diferencia de la España oficial y la España real para muchos ciudadanos. El discurso público está escrito desde las grandes capitales de provincia. Sin ir más lejos, el de la Comunidad Valenciana tiene una mirada excesivamente urbana. El AVE es magnífico para ir a la capital pero, mientras, hay dificultades para acceder a lo profundo, para tener autobuses que unan pueblos de interior con el resto de la comarca o con las carreteras principales de la red viaria; hay poca frecuencia de paso, falta de transporte público o escasez de ambulancias para acudir al hospital más cercano. Si nos quejamos de despoblamiento de zonas rurales, no podemos mirar la vida desde el AVE. Que cumple un servicio es indudable, pero hay muchos valencianos que necesitan algo más sencillo, barato y próximo, y en ese sentido no debemos priorizar lo grandioso por lo pequeño.