Las Provincias

CÓMO EVITAR EL DESCENSO

Ahora que ya no puede ser, que volvemos a hablar de fútbol, que nos vuelven a interesar los resultados del fin de semana, que hasta somos tan masoquistas de poner las televisiones nacionales para ver si sacan algo del Valencia y comprobar que no, que siguen hablando de Messi y de Cristiano, ahora que se nos ha ido el susto del cuerpo que hemos tenido ahí metido prácticamente toda la temporada, hay que decir que si las cosas no cambian, si Lim sigue por el mismo camino, el año que viene volveremos a las andadas y antes o después, más antes que después, el equipo descenderá a segunda, paso previo a su desaparición. Porque las señales de degeneración, degradación y decadencia están ahí, a la vista de todos, y frente a ellas no caben actitudes contemplativas sino una firme decisión de voltear la situación, de recuperar las esencias, de regresar a los orígenes. Que el Valencia tiene que pasar una travesía por el desierto no lo duda nadie, nadie al menos en su sano juicio. De hecho, ya la está pasando. Pero una travesía por el desierto se puede hacer de muchas maneras, bien pertrechado de agua y comida, hidratándose cada poco tiempo, con la vestimenta adecuada, con una tienda para pasar la noche y, sobre todo, con una hoja de ruta, una guía de a dónde se va y cómo se llega. O se puede intentar cruzar el desierto sin la preparación adecuada, sin llevar suficiente agua, comiendo demasiado al principio, no descansando lo suficiente... para al final caer rendido, exhausto, y ser víctima de los buitres. Si el Valencia se sigue gestionando desde Singapur, sin criterios profesionales, al capricho de un magnate que no sabe de fútbol y que se deja asesorar por un amigo y socio con intereses en la compraventa de jugadores (Jorge Mendes), el futuro del club está escrito, se ha visto en los dos últimos ejercicios. Carne de segunda división. Por el contrario, si se adopta un criterio profesional, si se tiene claro que hay que confiar en la cantera, fichar con mucha cautela y dejarse de absurdos despilfarros en futbolistas que no valen ni de lejos la millonada que se ha pagado, si se sabe elegir bien a un entrenador competente y que conozca la Liga, si se vuelve a confiar en la gente que sabe, entonces es posible que al final de esa travesía por el desierto se llegue no a la tierra prometida, no a aquella época que ya parece tan lejana de títulos, finales de Champions y recorridos triunfales por la ciudad, pero sí a un oasis de tranquilidad, competitividad, participación en Europa y, en definitiva, normalidad deportiva. De Lim y sólo de Lim -máximo accionista, dueño y señor al fin y al cabo- depende el futuro del Valencia y repetir o no una temporada de frustración y fracaso. Todos los años no va a haber un Osasuna, un Granada o un Sporting que pongan tan fácil la salvación.