Las Provincias

EL CALVARIO

De un talludo y experimentado productor de televisión aprendí varios trucos básicos que me dejaban perplejo. El más importante quizá fue el que indicaba que nadie cambia de canal cuando alguien aparece llorando en la pequeña pantalla. La gente no practica el zaping cuando las lágrimas humedecen su salón. El morbo manda y el personal desea observar esa descarga. Esperanza Aguirre derramó lágrimas tras la detención de Ignacio González. La vimos devastada. Pero lo importante no acudía con esa dolorosa demostración, sino con lo que comentó luego. Susurró que la Justicia es lenta y que a Ignacio, su otrora príncipe valiente, le esperaba un calvario debido a esa lentitud. Vaya con el calvario... Sólo nos tornamos sensibles cuando nos afecta el mondongo... La Justicia, en efecto, es lenta porque los políticos como Esperanza Aguirre y sus amigos jamás la han dotado de medios. Calvario padece cualquier persona involucrada en un pleito de vecinos por culpa de esas goteras rebeldes. Calvario sufre ese jubilata que tiene un piso alquilado con un inquilino de morro superior que no le paga. Desahuciarle supone un largo calvario de proporciones bíblicas e injustas. Esperanza Aguirre constata la lentitud de la Justicia cuando el tema le afecta, pero podría haber mostrado mayor delicadeza mucho antes. Si la Justicia tuviese la mitad de medios que Hacienda las querellas no se alargarían tanto. En la Justicia andan escasos de personal y de material. Son la hermanita pobre de nuestra espesa administración y se les olvida o incluso desprecia. Salvo cuando nos afecta. No es normal que un país serio que aspira a la seguridad jurídica dilate tanto sus cuitas legales. Esto sucede en España porque nuestros dirigentes prefieren gastar la pasta en otros ámbitos. ¿Calvario? Sí, pero por vuestra culpa, querida Esperanza.