Las Provincias

Buenos hábitos

'Predica con el ejemplo, que algo quedará'. Esta frase se escuchaba con frecuencia en boca de nuestros mayores. Me temo que la estamos olvidando. Los adultos hemos ido perdiendo conciencia de que somos los responsables últimos de las conductas y hábitos que observan aquellos que nos suceden. Con razón o desprovistos de ella, movidos por la realidad y animados por las modas de turno, hemos desatendido la noble tarea de contribuir a la formación intelectual y emocional de nuestros menores. Lo hemos fiado todo a la escuela y los avances tecnológicos. Mal negocio. El resultado es preocupante. Las estadísticas nos colocan a la vanguardia del fracaso escolar europeo. Asimismo, esos barómetros apuntan que nuestros jóvenes son una especie de 'yonquis de las nuevas tecnologías', que padecen de estrés galopante si no obtienen acceso a internet y a las redes sociales. ¿Les sorprenden estos números? A mí, no. Somos nosotros, los adultos, los que hemos generado esta deriva tan negativa, los que hemos puesto en manos de nuestros hijos los dispositivos que han ido generando el mundo tecnológico y globalizado. Les hemos proveído de alta tecnología, sí, pero ¿nos hemos preocupado de amueblarles la cabeza primero? Somos nosotros, insisto, los adultos los que hemos ido alentando esta zozobra intelectual. Nosotros, quienes según el último estudio del CIS somos los que menos tiempo dedicamos a la lectura en Europa; el 40% de los españoles no ha leído un solo libro en el último año. Nada es casual. Es muy probable que aquellos lodos traigan causa de estos polvos. Este domingo se celebra el Día Internacional del Libro; un evento promovido por la Unesco, que coincide con la fecha de fallecimiento de don Miguel de Cervantes y de sir William Shakespeare (en 1616). Me parece una buena oportunidad para empezar a cambiar las cosas. Apaguen el televisor y los dispositivos electrónicos que nos gobiernan y acudan con sus hijos, sobrinos o nietos a visitar la feria del libro más cercana. Algo bueno quedará.