Las Provincias

SUPERMERCADO ARENA

No siento nada al conocer la noticia de la demolición de Arabesco. Nunca bailé ningún hit bajo sus focos, ni atravesé su pista buscando al chico que me gustaba ni salí al parking a acompañar a vomitar a una amiga bolinga. Nunca estuve en la discoteca, así que no participo de la nostalgia de los que estos días desempolvan sus recuerdos de adolescencia ante la desaparición del edificio. Sin embargo, confieso que se me puso un nudo en la garganta al ver las fotos esta misma semana de lo queda del interior de Arena Auditorium. Fue la primera discoteca que pisé y como todo lo que se hace por primera vez, dejó una huella profunda y un recuerdo posiblemente distorsionado. Todos tenemos lugares mitificados, es de lo que se encarga el paso del tiempo. Los bares y discotecas son muy dados a esa veneración nostálgica, también pasa con algunos veranos, ciertos profesores, algún que otro viaje y el plato de clotxinas que te comías de niño en El Carmen.

Ahora, en diez minutos andando llego a lo que queda de Arena, pero entonces era una hora de camino en el 70, una hora que se hacía eterna por el ansia de llegar antes de las seis para pagar menos entrada y los nervios a flor de piel por si ese día el seguridad te pedía el carnet y te dejaba fuera arruinándote la tarde. Recuerdo las sensaciones al traspasar la puerta. La oscuridad, el volumen de la música, los pies que se pegaban al suelo por la cerveza derramada, el escalofrío del aire acondicionado cuando la pista aún no estaba llena. Y sobre todo, esa convicción de que ya eras mayor, que ya pertenecías a ese mundo del que formaban parte tus hermanos mayores. Hoy Arena parece un cementerio profanado. Dicen que quieren hacer un supermercado. Ahí, en el mismo sitio donde una vez tocaron Nirvana y Los Ramones.