Las Provincias

LA MENTIRA PIJA

Postverdad. Si no lo han oído, van a escuchar este palabro por castigo. No en vano, ha sido elegida palabra del año 2016 por el Oxford Diccionaries. Supone que Trump ha tenido mucho que ver. Según los expertos, el uso de 'postverdad' aumentó un 2.000% respecto el año anterior. Como si eso quisiera decir algo. En 2014 aceptaron la palabra 'vapear'. ¿Alguien se acuerda del cigarrillo electrónico? Pues eso. Sea como sea, la definición de 'postverdad' se refiere a que, en ciertas circunstancias, los hechos son menos influyentes que las emociones o las creencias personales sobre la opinión pública. O sea, lo que viene siendo la propaganda política de toda la vida. En esta era en que la mayor televisión del mundo no es una televisión, el mayor canal de intercambio de información no es un medio de comunicación y la mayor tienda de libros no es una librería, los hechos, la verdad, importan más bien poquito. Supone que habrán escuchado hablar sobre la influencia de Facebook en el triunfo de las elecciones del excéntrico presidente americano. No es que la plataforma mintiera deliberadamente sino que, según las preferencias y segmentaciones de cada usuario, la red social le mostraba lo que creía que quería ver. Y así fue cómo los demócratas no se movilizaron pensando que ganarían los demócratas y los fans de Trump se sintieron legitimados. No hay nada peor que un tonto motivado. Eso, por no hablar de los bulos en la era de la postverdad. Facebook ya ha expresado su intención de atajarlos. Pero no lo hará. Su negocio no es la verdad. El negocio de Facebook y, por ende, el de la sociedad de consumo, es la popularidad. Pero no hace falta ser presidente para construir una postverdad dramática. Basta con subir miles de fotos pluscuamperfectas a Instagram y por las noches leer a Walter Risso.

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