Las Provincias

GENTE DE LA CASA

La pregunta es: ¿Voro se ha ganado entrenar al Valencia? Ahora mismo, otro técnico con sus números ya tendría garantizado el billete para la temporada que viene. Pizzi es el último ejemplo. El argentino mejoró al equipo y su despido fue una sorpresa para todos. Le llegada de Lim precipitó su salida. «Es que Voro no quiere entrenar al Valencia», es el argumento más manido que se escucha en aquellos que quieren convencerse de que el actual técnico no sirve para el proyecto. Voro sí quiere seguir en el banquillo, estoy convencido, porque siente que se lo ha ganado, no sólo con los resultados sino con el servicio que ha dado cada vez que el club se lo ha pedido. Ninguno de los preparadores que han sonado para el Valencia han entrenado nunca a un club más grande que el Valencia -tengan este dato en cuenta-. Nadie garantiza mejores números que el actual técnico.

Lo que pueda venir es una caja de sorpresas, un melón por abrir pendiente de encajar en una entidad peculiar y con una plantilla en la que cada temporada se cacarea una revolución en la que siempre permanecen aquellos de los que cuelga el cartel de 'se vende'. El director general, Mateo Alemany, ha sido fichado para ejecutar y se enfrenta a la decisión sobre la que debe pivotar el proyecto. El problema del Valencia es que ya no tiene una segunda oportunidad. Meriton no tiene más vidas y el tiempo se le ha agotado a Peter Lim por culpa de sus catastróficas decisiones. No puede haber un nuevo paso en falso en la elección del entrenador tras los traspiés sufridos en decisión tras decisión.

«Es que Voro es amigo de los jugadores», esgrimen otros como razón de peso para inhabilitar al hombre de la casa. Como si fuera una razón de peso. Y es más, no me creo que el técnico sea colega de los futbolistas. La mano izquierda a veces se confunde con ternura. ¿Es Setién ejemplo de gestión de un vestuario? No lo parece. E insisto. Desde hace mucho tiempo hay un cuerpo técnico. Chema Sanz ha cerrado el círculo. Monar, sin hacer ruido, ha conseguido que el equipo ya no se caiga a plomo en las segundas partes. Y de Ochotorena hay poco que añadir.

¿Cuánto tiempo llevaba alguien en el Valencia sin apostar por la gente de casa? A Gayà no lo descubrió Nuno. Fue Rufete. El luso prefirió abrirle la puerta a jugadores como Carles Gil y Rober Ibáñez. Desde entonces, nada salvo precipitaciones con Fran Villalba y desesperaciones con Zahibo. Ahora es el momento de Voro. Alemany y Alesanco tienen encima de la mesa el dilema. Si se aíslan, la objetividad sólo tiene un camino. Hoy los grandes funcionan con gente de la casa. Lo demás es buscar en tierra extraña.

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