Las Provincias

BOFETADA POSTVACACIONAL

Es importante saber desconectar cuando por fin podemos tomarnos un merecido descanso. Yo tengo la suerte de poder dejar mi mente en blanco y olvidarme de la rutina, las futuras obligaciones o el trabajo cuando tengo unos días de vacaciones, aunque haga menos de 24 horas que estaba todavía imprimiendo las últimas hojas en la oficina. Para relajarse y disfrutar con plenitud del tiempo libre, hace falta dejar atrás las preocupaciones y pulsar el botón de apagado. Lo malo es cuando la cabeza se resetea demasiado hasta el punto de que, al volver a conectarse al mundo real, no acepta esa vuelta a la rutina y a los quehaceres de persona adulta. Tras regresar de unos días de relax, mi cuerpo está sentado en la silla del escritorio delante del ordenador, dispuesto a intentar volver a la rutina después de haberle inyectado café en vena. Pero mi cabeza continúa en ese spa al que fui en Semana Santa, concretamente dentro del jacuzzi intentando ahogar cualquier sonido que suene a obligaciones. Y ya sea en Pascua, Navidad, verano o en Fallas, la vuelta a la vida real es como una bofetada en la cara con la mano abierta que escuece hasta que el reloj biológico vuelve a acostumbrarse a madrugar. Porque por mucho que te guste tu trabajo o volver a ir de cañas con los amigos, se echa en falta no poder estar en la cama calentita hasta las tantas o darse un bañito en la piscina a mediodía, según la época del año. Porque las vacaciones de Semana Santa tienen esa mágica característica por la que un conocido puede irse al norte a un retiro rural fresquito en las montañas, mientras que otro puede haber optado por el clima de las Bahamas sin salir de Andalucía. Para nuestra huida vacacional, podemos escoger frío o calor según nos pida el cuerpo. Por desgracia, lo que no es optativo es el bajón postvacacional.

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