Las Provincias

La vocación en la política nacional

España es un país que históricamente cuenta con una amplísima tradición política del más alto nivel. Sin embargo, con los dimes y diretes de nuestra actualidad no es extraño encontrar a compañeros de profesión, vecinos, amigos y familiares sumidos en una completa desazón y desánimo por la corrupción tan asentada en la política española actual así como la pobreza de sus fundamentos. Esta cuestión quizás provoque que los políticos con vocación de servicio al bien común queden ensombrecidos por aquellos que no la tienen. España merece una política de alto nivel con políticos, que los hay, que sean capaces de alcanzar este merecimiento. La mayoría de los ciudadanos españoles lamentan la consideración de que las personas que utilizan la política en beneficio propio se están haciendo más fuertes y ocupan más espacios que aquellos que dedican su tiempo a una política en pro del interés general. Lo que hoy estamos viviendo en nuestra sociedad genera una inestabilidad social, económica, educativa y cultural tan aguda en España que quizás llegue a ser en algún momento difícilmente imparable. Una democracia madura nos dice que todos los partidos democráticos tienen legitimidad para gobernar y nadie, salvo que se quiera destruir o acomodar dicha democracia al interés particular, tiene potestad para negar esta posibilidad. En caso de que se haga así entonces deberemos preguntarnos si la democracia española es la del espíritu de la Transición o simplemente no existe. España debe ser un ejemplo del consenso, del acuerdo y del compromiso de todos los partidos políticos que tienen como meta el interés general. Es una país respetado por su historia, por su vocación de Estado y por su inestimable aportación política desde hace más de 500 años al mundo occidental. Esta consideración exige a nuestros políticos y a nuestra sociedad estar a la altura de las circunstancias y trabajar para que los esfuerzos y sacrificios de nuestros antepasados tengan su reflejo en la responsabilidad política actual. Es necesario establecer unos mecanismos más eficientes para el acceso a las responsabilidades de cargos políticos y públicos. La política es un servicio vocacional dirigido a mejorar la vida de los demás, a proteger los valores humanos y a garantizar la libertad como derecho inherente a la persona humana ante las amenazas del totalitarismo. La política debe contribuir al continuado proceso de humanización de las sociedades y no a su extinción. Algo tiene que cambiar desde dentro de cada partido político, principalmente, para frenar esta deriva social, institucional y política en la que estamos embarcados.

Una gran mayoría de la sociedad es consciente del enorme esfuerzo que hacen nuestros políticos de hoy pero, quizás, lo que cabe impedir es que el éxito social por llegar a ostentar un alto cargo público no dependa de la capacidad de maniobra que una persona, sin una ética y una moral respetuosa con los demás, tenga para anular rivales o personas mejor preparadas que esta misma. Las disputas internas de los partidos políticos parece que son tan graves y frecuentes que, en ocasiones, se llega a desvirtuar el sentido real de la política y se convierte en una carrera de fondo cuya meta se quiere alcanzar a cualquier precio, sin importar el daño a la persona que lo sufre o, incluso, llegando a la renuncia de los principios fundacionales del propio partido. La ausencia de una ética en algunos políticos españoles deja la puerta abierta al relativismo y al nihilismo político más degradante. Los ciudadanos españoles solicitan que la política española agrupe a las personas que tengan una vocación, una ética y una formación mínima para desarrollar una política de alto nivel, para mejorar las vidas de los ciudadanos y para frenar a todos aquellos que quieren utilizarla como un medio de vida y de éxito social particular. Posiblemente si el premio por tener un cargo público no fuera tan llamativo o atractivo no habrían tantas ambiciones personales y sí más vocaciones de servicio a través de la política. El reflejo de estas ambiciones se proyecta después en la toma de decisiones y en el deseo de poder. España tiene una amplia cartera de políticos ejemplares que la han llevado a ocupar un lugar privilegiado en el orden mundial. Ellos deben ser los referentes para la política española independientemente del partido del que procedan.

Sin lugar a dudas es necesario combinar la experiencia con la llegada de nuevas generaciones que tienen la inquietud de contribuir con su esfuerzo a hacer más grande este país ante los continuos desafíos que surgen en nuestras sociedades. Dejar paso a jóvenes preparados capaces de asumir la responsabilidad de hacer fuerte a España. Una simple medida puede ser limitar por ley a dos legislaturas máximo una misma Presidencia y un mismo equipo de gobierno tanto a nivel nacional como autonómico dando paso a otros políticos también preparados del mismo partido. Esto sería, probablemente, un primer paso hacia lo ético y lo vocacional en el ámbito político.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate