Las Provincias

TERAPIA DE GRUPO

Aquella vieja 'mili' nuestra que actuaba como una cimitarra dispuesta a cortarte una vida plácida en cuanto superases la frontera de una determinada edad, una vez agotadas las prórrogas estudiantiles, se convertía en uno de esos ritos iniciáticos tribales que erradican la adolescencia y te trasladan al grupo de los hombres curtidos. Aznar causó alivio general entre la mocedad al fumigarse aquella larga mili de calimocho, escaqueos y salvadores pases de pernocta. Felipe González comentó que a lo mejor aquella mili no era tan mala pues, con aquel forzado ardor guerrero, muchos chicos salían por fin del pueblo y compartían habitación con paisanos de otros lugares, lo cual enriquecía la mente y ensanchaba el horizonte. Las líneas de bajo coste, en efecto, no funcionaban en aquella época. Y viajar, lo que se dice viajar con la actual pasión, tampoco se practicaba en exceso. En cualquier caso, a los que nos pilló en aquel trance de milicia obligatoria a la vuelta de la esquina, nos alegró sobremanera primero la posibilidad de la objección de conciencia y, después, por el bien común, reconvertir ese coloso triste (Umbral) que era nuestro Ejército en una tropa profesional. Sin embargo, como todo vuelve, como las modas van y vienen, el candidato francés a la presidencia Macron propone una breve mili de un mes para sus jóvenes compatriotas. De ese modo, considera, la juventud entenderá la necesidad de amar a la patria y de adquirir ciertas responsabilidades. Ante el auge de nuestros queridos ninis, genuina muchachada que no soporta recibir un «no» por respuesta, alguna voz en nuestro país opina que a ese sector de la juventud una pasadita militroncha le sentaría de perlas porque una mínima obediencia, un ligero esfuerzo, les haría recapacitar. La mili como terapia de grupo, quien nos lo iba a decir...