PETICIONES DEL OYENTE

El tiempo se nos echa encima, pero también ataca por los costados y Rajoy, al que no sería justo acusar de perder los nervios, lo que pide es estabilidad. Quiere agotar la legislatura antes de que se les agote la paciencia a los votantes. Intenta que comprendamos todos que sin estabilidad no podrá concluirla él solo. Nos necesita a los demás, que somos muchos, pero ya sabemos que con la razón no se va a ninguna parte si no la acompañan los manifestantes. Quienes oyen «del pueblo la aflicción», que decía el poeta postromántico que confundió la historia con la histeria y vio en cada 2 de mayo un calendario interminable. Hay que llegar a un acuerdo, pero como nos falla la memoria, no nos acordamos de cuál es el más conveniente. Puigdemont y Junqueras proponen un pacto por la 'vía escocesa' y un referéndum acordado. Que sea lo que Dios quiera, que, como dicen los escépticos de Cerne, nunca será nada bueno.

Las urnas deben decidir, que para eso estamos en una democracia imperfecta, pero perfectible. A la manifestación contra 'el golpe separatista' acudieron miles de personas por el centro de Barcelona. ¿Son suficientes para inclinar la balanza oxidada? Mientras sigamos siendo una nación nos chirría mucho que se hable de una mesa de diálogo entre el Gobierno español y el Gobierno catalán. El problema viene de lejos, pero cuanto más se acerca se hace más complicado solucionarlo. Los que siempre hemos sido partidarios del diálogo, también tenemos algo que decir, aunque no estemos sentados a la mesa. No nos separan las diferencias, sino las afinidades. Somos cuñas de la misma madera y estamos haciendo astillas del mobiliario común. Tendremos que seguir de pie, pero no en pie de guerra. Y sobre todo sin querer meter la pata, que luego cuesta mucho sacarla, y hay que ajustar cuentas. Demasiadas cuentas.