Las Provincias

El peligro de la masificación

No siempre más es mejor. Las visiones triunfalistas de los responsables municipales acerca del desarrollo de las fiestas falleras de 2017 -las primeras tras su declaración por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad- contrastan no sólo con el balance que ofrecen sectores directamente implicados, como los comerciantes o los hosteleros, sino con la simple comprobación del estado de las calles entre los días 15 y 19, así como con la constatación de fenómenos que de no cortarse a tiempo pueden poner en peligro la esencia y las características propias de las Fallas. La llegada masiva de visitantes a Valencia -tan elogiada por el tripartito local- ha llevado al colapso a algunas zonas de la ciudad, incapaces de asumir y dar servicio al río incesante de turistas y valencianos que se acercaban a disfrutar de la fiesta. La multiplicación de verbenas callejeras así como de improvisados botellones fue la consecuencia lógica de una auténtica invasión de todo tipo de puestos callejeros de comida, desde las churrerías a las 'food trucks', lo que ha dado pie a un turismo barato, de escaso consumo, que apenas deja dinero en Valencia pero, a cambio, provoca un incremento notable de suciedad y de escenas inapropiadas, como la de los turistas que duermen en los parques o hacen sus necesidades fisiológicas en el primer rincón que encuentran. Esa masificación, por mucho que se empeñen los responsables de turismo, no es la imagen que conviene a una ciudad que puede presumir de unas fiestas Patrimonio de la Humanidad. Los valores propios de las Fallas -desde el monumento a los pasacalles, o desde la Ofrenda a los espectáculos pirotécnicos- no pueden quedar relegados por una tendencia globalizadora que convierte el espacio urbano en un gigantesco botellódromo en el que todo vale y no hay normas con tal de divertirse como sea. El riesgo de transformar las Fallas en un atractivo turístico tipo Magaluf es más que evidente como para tratar de orillar el debate recurriendo a estadísticas triunfalistas que no ocultan la obvio: que la suciedad y el descontrol se han adueñado de las calles.