Las Provincias

Cultura y Fallas

Cuando la Ofrenda a la Virgen ha cumplido 75 años, cuando lleva casi medio siglo siendo el motor de la Fiesta ¿hubiera estado de más una buena exposición fotográfica que la resumiera? Seguro que no. La podía haber programado cualquiera de las tres salas de exposiciones que el Ayuntamiento tiene en el centro. Si me apuran, incluso la podrían haber previsto los propios falleros, libres e independientes, sin las trabas -'Ca la Trava'- de la impedimenta municipal.

La declaración de las Fallas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco debería haber desencadenado una gran exposición retrospectiva: la colaboración del Gremi d'Artistes y la JCF hubiera dado ocasión a un buen repaso de la historia fallera, desde que, en los años veinte, se empezó a empujar el carro del turismo. La Lonja hubiera sido el lugar idóneo. Aunque solo con la mitad de la grandiosa Ciudad-de-las-Carpas levantada en la calle de Burriana hubiera bastado. Pero solo la falla municipal ha esbozado con timidez el asunto del galardón internacional.

Viene todo esto al hilo del estupendo reportaje que Noelia Camacho planteó hace unos días: ¿Por qué la cultura no aprovecha la gran concurrencia de las Fallas? ¿Por qué no llenamos la ciudad con los mejores espectáculos, conciertos y exposiciones? En el reportaje, varios especialistas señalaron que a causa de su carácter avasallador, en razón de su gigantesco peso, las Fallas ejercen sobre la cultura, sobre los meros espectáculos, una especie de rechazo. De ese modo, como el aceite, la fiesta se superpone sobre lo cultural, sobre toda actividad que no sea la misma fiesta. Aunque Rubinstein actuó en el Olympia, durante las Fallas... hace un siglo.

Pero el asunto también se podría plantear del revés: ¿Por qué las Fallas, que son cultura, no se manifiestan por otros cauces? No, no hay en el IVAM una exposición sobre la creatividad fallera; ni el Principalprepara un festival de teatro valenciano ni el Palau de les Arts refresca los grandes musicales de tema festero que duermen en los archivos. No hablamos de eventos sublimes, sino de representar las obras ganadoras del concurso teatral de este año. Nadie levanta de nuevo la bandera del concurso de pasodobles que en los años treinta llenaba calles y plazas, ni el mundo del «llibret» parece interesar a casi nadie. Quisiera equivocarme, pero este año no se ha publicado ningún libro nuevo sobre Fallas.

En busca de la razón última quizá habrá que remitirse a otra realidad. Y es que, desde hace un puñado de años, gracias a la crisis económica, la agenda cultural valenciana ha entrado en un nivel medio-bajo del que no quiere o no puede salir. Desde 2010, en Valencia apenas ha habido tres o cuatro noticias culturales de interés y casi todas las han protagonizado fundaciones privadas. Salvo el año Pinazo, la irrelevancia se ha instalado en la programación. Se huye del brillo y se recurre con insistencia de martillo pilón a la República (la de Negrín, no la de Castelar).