Las Provincias

El drama socialista

No son grandes candidatos. O pre-candidatos, que ahora se hacen llamar así como si no pudiera decirse lo mismo de todos los militantes. En el fondo, todos son posibles candidatos; solo les diferencia la capacidad para reunir los avales necesarios. Ser líder ya es otra cuestión y ser presidente del gobierno, algo mucho más complicado. Bien lo sabe uno de los barones del PSOE, Emiliano García-Page, cuando pide que el candidato sea capaz de ganar elecciones. Es una forma de negar a Pedro Sánchez el pan y la sal pero, indirectamente, está poniendo en cuestión a los tres pre-candidatos. Sánchez no solo no ha ganado nunca sino que además es el secretario general que peores resultados ha dado a su partido. Patxi López ha sido lehendakari, sin duda, pero no por unos resultados espectaculares sino por un beneficioso pacto que fue una bendición para el País Vasco pero no demostró gran poder de convocatoria en el PSE. Y Susana Díaz va de gran baronesa que además se deja querer con su anuncio pre-anunciado, pero tampoco es la mejor lideresa del PSOE andaluz. Hasta el PP le ganó cuando los populares no sabían lo que era eso por el sur. Así, ninguno de ellos tiene un perfil potente. Ese es el drama de los socialistas, que no votan al mejor sino al menos malo o simplemente al peor enemigo del pre-candidato más odiado. Es lo que han conseguido con las luchas intestinas. Cuando ahora vemos a Pedro Sánchez exigir a sus seguidores que se unan todos «junto al secretario general para ganar a la derecha», cabe preguntarse a qué derecha ha ganado él y seguramente son muchos quienes lo hacen.

La tragedia que vive el PSOE no es el alejamiento de ciudadanos y partido sino de militantes y votantes. Si es verdad que los militantes están con Pedro Sánchez pero los votantes no se animan a respaldarlo ¿a quiénes representan los militantes? ¿A un cierto lobby con sus propios intereses o a ciudadanos que quieren socialismo pero no en brazos de la extrema izquierda? Que Sánchez presuma de ser la alternativa a la gestora porque ésta representa el apoyo a la derecha no parece que le dé más posibilidades de éxito. En eso, barones locales como Ximo Puig hacen bien en mostrarse prudentes pero la posición del valenciano, curiosamente, es similar a la de Sánchez, deja el gobieno en manos de la izquierda aunque defienda planteamientos radicales ajenos a su electorado, con tal de que el PP no vuelva al poder. Es un pésimo punto de partida. La debilidad de Sánchez ha llevado al PSOE a un lugar de fracaso. El extremismo no le dará el éxito o si lo hace será efímero. Como la mantis religiosa terminará por devorarlo. Ya lo está haciendo cuando hasta López se vende contra el PP cuando fue lehendakari gracias a él. Y fue la etapa más estable en Euskadi. España no vota radicalismos sino moderación. La mayoría absoluta se consigue en el centro y la capacidad de negociar, no en los extremos y la exclusión.